De la vida y la muerte al desapego. Naomi Kawase

Aguas tranquilas (Futatsume no mado) Naomi Kawase

Pensar en la finitud, la mortalidad, el fin, nos aterra como si esa realidad no fuese parte ya de nuestra propia existencia. La verdad es que  tan sólo nos separan unas cuantas pasadas de la aspiradora a la alfombra de nuestra última morada, para que ya no queden ni esas diminutas partículas de nuestro cuerpo hecho literalmente polvo cada día, pero nos resistimos a deshacernos sin admitir que mientras estamos empezamos a dejar de estar.

Vivimos apegados a la idea de que todo es eterno, de que la naturaleza y sus recursos nunca nos faltarán, de que las parejas duran hasta el día en que  los párpados pesados por la laxitud de la piel cierren nuestros ojos y que sea a ella a quien veamos por última vez. Nos empeñamos en preocuparnos en dejar pistas para que alguien sepa dónde quedan nuestras últimas creaciones para que no se pierdan, para que no terminen en un contenedor de reciclaje y se puedan leer tras nuestra desaparición y  así trascender y ser recordados e incluso reconocidos en la posteridad. Apegos a futuribles que sirven de consuelo para apagar la angustia que genera saber que lo más seguro es que pasemos al olvido tan rápido como un tweet  baja a las últimas líneas en el muro de una conversación con miles de seguidores.

La vida es un gran ciclo con principio y final y en su seno cientos de etapas con más períodos con sus propios arranques y términos. Salud, amor, trabajo, dinero, lugar de vivienda, amistades, gobernantes, etc. etc. Unos y otros se suceden, algunos van y vienen con gran estruendo, otros llegan y se van en silencio, sutilmente como una suave caricia que deja profundas huellas, otros se borran para siempre.  Una vida como la letra de la canción de  Milton Nascimento:

Y así llegar y partir
Son sólo dos lados de un mismo viaje
El tren que llega
Es el mismo tren de la ida

La hora del encuentro es también despedida
La plataforma de esta estación
Es la vida de este mi lugar
Es la vida
De este mi lugar, es la vida.

En el mejor de los casos, lo máximo a lo que podemos aspirar es a que dentro de nuestro gran ciclo vital, lo malo se transforme en bueno y lo que es bueno no se extinga para siempre sino que se transforme en algo mejor. Por último si toca ya morir que sea con suavidad, en paz, sin gran sufrimiento y a ser posible, bailando entre risas, como la tía Marcolina.

A lo mejor el paso por este mundo sea más gris y menos cíclico y llamativo como cuenta en sus  reflexiones Valeria Luiselli en su libro Papeles Falsos: “Pero quizás sea cierto que una persona sólo tiene dos residencias permanentes: la casa de la infancia y la tumba. Todos los demás espacios que habitamos son mera continuidad grisácea de esa primera morada, una sucesión indistinta de muros que finalmente se resuelven en la cripta o en la urna-expresión más ínfima de las infinitas divisiones de un espacio en donde puede caber un cuerpo humano.”

Puede que  Valeria hable con campechanía, sin morbo, con aceptación de la muerte porque es mexicana y de ancestros le viene transitar temas y lugares como los cementerios, con la naturalidad aprendida antes de nacer, cuando no hay barreras entre un mundo y otro, entre un estado y el siguiente, o entre un ciclo y un final, puede ser…

Cuando son recientes las pérdidas de cualquier tipo y el dolor todavía sigue campante en nuestro jardín, no es fácil ver una película sobre el fin de una etapa o del ciclo vital, aunque estén tratadas con naturalidad, incluso hasta humor. Sin embargo ver una película de Naomi Kawase es entrar sin tapujos y a la vez con sutileza en algo más profundo que la recreación de la muerte, el duelo o  la aceptación  del fin y la llegada del desapego; es entrar en la casi magia hipnótica marcada por el ritmo de la naturaleza, penetrar en  lo que por destino ha de moverse, cambiar, desaparecer, mutar.

Moe no Suzaku. Naomi Kawase

Resulta extraño ver una película japonesa contada desde la sutileza y visión casi documental de una mujer. Sin pretender que sea esta forma de narrar sólo inherente al género femenino, quizás la falta de violencia explícita, la no cosificación de los personajes femeninos, aunque algunos sean tradicionales, se pueda atribuir a que Naomi es una directora atípica, empezando porque no son muchas las mujeres que dirigen en Japón y menos que se conozcan fuera. Su trabajo se construye sobre los mimbres de la realidad que la rodea y las profundas huellas de su infancia por el abandono de sus padres y luego la desaparición física de su madre adoptiva, pero no resultan una queja para culpabilizar al mundo por sus traumas, todo lo contrario, pareciera en todas sentirse apoyada por la fuerza de la naturaleza que la empuja a la transformación zarandeándola a veces, arrullándola otras y conteniéndola la mayoría. Una naturaleza que la hace crecer  y que la salva cuando por fin  acepta su mandato.

Casi como si de una visión holística del universo se tratase, la naturaleza que cuenta Naomí Kawase en sus filmes es el gran personaje en donde se mueven los demás como parte de un todo integrado que retrata con especial belleza, a veces con dilatados planos y acciones fuera de plano, quizás como homenaje silencioso al cineasta Andréi  Tarkovski.

Naomi construye personajes femeninos sencillos, fluidos, ligeros que se mueven al ritmo del viento, de las olas, de la siembra de la tierra.  A través de un tempo narrativo lento, se crea un estado casi hipnótico que permite percibir la  integración de los elementos en este espacio arrebatador en donde se desarrollan sus historias, como en Aguas tranquilas (Futatsume no mado. 2014)  dónde  los árboles, los bosques, los manglares, el mar, las mujeres, los hombres, los jóvenes, los adultos, los viejos, acompañan a la joven protagonista a avanzar a pesar de los miedos del joven a quien ama, del fallecimiento inminente de su madre, de los temporales que pueden destruir la isla del Pacífico en la que vive y de su deseo no correspondido de vivir con plenitud el despertar sexual.

Shara (2003) Sharasojyu

Sharasojyu. Naomi Kawase

Una historia en donde se notan los orígenes en el documental de su creadora por cómo retrata a los lugareños y los espacios en donde viven, una manera de reflejar la realidad social que se integra con una poesía en la narrativa audiovisual que a veces hace parecer que el tiempo se detiene y el espectador pasa a formar parte de las ramas y hojas de los árboles que se mecen al viento, de los fondos marinos o de la espuma blanca de las olas del mar bravío, y entre medias los habitantes de esos lugares alejados de las grandes metrópolis que intentan sobrevivir en armonía con la naturaleza, el progreso o la falta de éste. Cuando la historia se desarrolla en una ciudad, como Sharasojyu (2003) Kawase encuentra la manera de poner en contacto a los personajes con la naturaleza, como cuando los lleva al pequeño jardín con árboles, flores y un huerto en medio de la maraña de calles de la ciudad de Nara o cuando la lluvia baña a los participantes del  festival de Basara.

No es fácil ver una película sobre la muerte, pero las de Naomi Kawase no hablan sólo de ello, exponen el inicio y  final de los ciclos, el tránsito de los personajes de uno a otro, los duelos y la necesidad de los seres de atravesar  el dolor, la tristeza y finalmente la aceptación para no quedarse estancados en el tiempo y el espacio, la vida sigue.

En El bosque del luto (Mogari no mori 2007) La historia se construye sobre una joven que trabaja en un geriátrico y congenia con un anciano  alocado y rebelde con quien se pierde en el bosque y ambos se ven presos de los peligros del mismo durante una noche de tormenta. El agua, las riadas, el frío y la soledad del paraje permite el desahogo de ambos, el expresar la emoción contenida por el  profundo dolor por la pérdida de seres queridos, ayuda reconocerse como seres vulnerables  que transitan a su manera el duelo y se acompañan sin habérselo propuesto en él.

El Bosque del luto. Naomi Kawase

En casi todas las películas de Naomi coexisten personajes jóvenes, adultos y ancianos como espejos unos de otros, quienes pasan de una etapa de sus vidas a otras con rabia, es el caso  del joven protagonista de Aguas tranquilas que no acepta que su padre le haya abandonado y culpa a su madre y teme a la vida, al mar, al sexo y al amor hasta cuando la tormenta, literal y simbólica, le hace caer en cuenta sobre la fragilidad de la existencia y la posibilidad de perder a la madre, entonces es cuando acepta entregarse a la vida en todas sus vertientes. Otro ejemplo es el de la adolescente de Moe no Suzaku (1997) que desde pequeña ama al primo que vive con ella y su familia en las montañas Nishiyoshino porque la madre de éste le abandonó y dejó con la abuela. En este idílico, más no fácil  lugar, ambos jóvenes son observadores de la llegada de la crisis económica, del intento de sobrevivir gracias a la tierra y posteriormente de la desaparición del cabeza de familia, padre de la joven que obliga a replantearse a los que quedan atrás la vida en el lugar: en el caso de la abuela  irse a un geriátrico como ya lo han hecho sus vecinos, en el de la chica y su madre marcharse al pueblo de sus otros abuelos, en el del primo irse a un lugar más cercano al trabajo,  y en definitiva dejar todos la montaña y cerrar una etapa de la vida.

En esta película, como en casi todas, Kawase presenta la muerte con suma sutileza y también desde la mirada de la documentalista. Las escenas parecen sucederse como en la realidad, sin aparente planificación, en dónde la cámara se coloca para registrar el momento intentando no afectar la espontaneidad de los hechos.  En estas escenas la música entra como parte de la tradición y suele ser interpretada por los autóctonos, alguien canta o pone un disco, alguien observa un árbol alejado de aquellos que suelen estar en conjunto y forman bosques en los primeros planos de sus películas.

En  Sharasojyu la vida se muestra claramente como un movimiento circular. La desaparición del hermano gemelo del protagonista siendo niños, le marca profundamente y esa pérdida no le permite expresarse, disfrutar de la vida, ni despertar al amor. Sólo con el paso de los años, la aceptación de la muerte, el encontrar una forma de desahogo a su dolor en la pintura, se abre al mundo y de esta forma también a ser partícipe del nacimiento de un nuevo hermano. En la escena del alumbramiento se muestra la comunión de los miembros con la naturaleza, a pesar de desarrollarse la acción en un recinto cerrado de la ciudad. No sólo la madre (interpretada por Kawase) también los miembros cercanos, entre ellos el joven protagonista, acompañan con un ritual de murmullos, como si de una melodía se tratase, de silencios, de quietud, de sonrisas y de lágrimas. Una manera tribal que por momentos hace olvidar que los hechos no suceden en medio de un bosque o en la orilla del mar.En  Aguas tranquilas la directora parece cerrar el ciclo nacimiento-vida-muerte y de nuevo ella interpreta a la madre, que esta vez fallece.

Sharasojyu. Naomi Kawase

Hay un ritual lento en las partidas de esta vida como en las despedidas porque hay que irse a otro lugar y aunque el dolor es evidente y se respira, los personajes parecen aceptar que algo llega a su fin como los ciclos de la naturaleza y esta actitud de alguna manera aporta poesía a momentos duros. Después  llega el duelo  que se muestra en el andar por los diferentes parajes como si hubiese un trasfondo taoísta en los acontecimientos, los personajes caminan por los senderos, bien cerca de la playa, bien por el bosque, bien en las montañas, bien en los pequeños parques de la ciudad. Después la lluvia estalla con virulencia y parece limpiar, el agua corre, la vida sigue, el duelo pasa, otro ciclo empieza y la naturaleza de nuevo marca el ritmo, acompaña.

Quizás el final, la muerte y el desapego que cuenta Kawase le sirva de catarsis para dejar la angustia atrás reconvirtiendo la pérdida y el abandono en transformación, en crecimiento. Quizás con su obra intente alejarse de la actitud que hacia la muerte y hacia el cambio, tenemos en Occidente:

“Incluso considerándolo simbólicamente como un instrumento de cambio en el contexto de nuestra vida terrenal, el esqueleto de la carta número trece es duro de aceptar. Somos criaturas de costumbres. Incluso a un nivel más superficial, nos resistimos a los cambios en nuestra vida cotidiana, incluso a aquellos cambios que nosotros mismos hemos planeado conscientemente… O bien, cuando finalmente logramos una transformación en nuestra vida y en nuestra conducta personal, seguimos añorando las viejas costumbres. Añoramos también las malas costumbres, aquellas viejas costumbres que (Como decía Rilke) vinieron, se sintieron bien y se instalaron en nosotros. Partir es una pena, puesto que nos atamos a todo… (Sallie Nichols de la carta número trece en su libro Jung y el Tarot)

Naomí Kawase habla sobre la muerte y de esta forma parece que recuerda lo que decía Balzac,  mejor olvidarse de ella porque es segura.  Pareciera también que  como Jung  intenta decirnos  que: “Mientras no podamos comprometernos totalmente con la muerte, nunca nos sentiremos realmente comprometidos con nuestra vida. Seguiremos siendo esclavos ligados al cuerpo, atrapados en una cotidianidad egocéntrica… ” (Sallie Nichols, Jung y el Tarot)

Jung  insistía en que aceptar la muerte y el nacimiento  como parte de la vida, es convertirse en un ser realmente vivo porque devenir y pasar son la misma curva, los dos lados del mismo viaje del que habla Nascimento. Las películas de Kawase confirman esta visión de la vida y colocan esa curva, ese viaje,  como parte de una entidad superior a la que hay que respetar, con quien hay que integrarse:  la naturaleza.

 

Aguas Tranquilas (Futatsume no mado) Naomi Kawase

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El caso Venezuela o cuando el mundo mira para otro lado

Quienes me conocen realmente saben que nunca he apoyado los fanatismos, las radicalizaciones, que no pertenezco a ninguna religión, ni partido político y que no creo en soluciones mesiánicas, ni de derechas ni de izquierdas para cualquier país. Hoy sólo intento comprender de nuevo lo que me rodea, ese mirar para otro lado de quienes se dicen demócratas en el mundo cuando se trata de Venezuela.

Sí, sabemos que la Democracia de estos tiempos perdió su traje blanco para ponerse uno de marca, sí, es muy imperfecta, pero ahora mismo hay muchas impostoras que ocupan su lugar y escudándose en ella oprimen con botas de punta de metal, con balas y eso está pasando en Venezuela.

Respeto las opciones de cada uno y espero que las mías sean respetadas, pero lo que no puedo comprender y me cuesta enormemente aceptar es la incoherencia de las personas foráneas que miran para otro lado con lo que está sucediendo en Venezuela, especialmente los artistas, intelectuales, creadores y líderes sociales que han gritado hasta decir basta por los derechos de las mujeres, los homosexuales, los extranjeros, los trabajadores etc. etc. Los mismos por los que yo también abogo, derechos humanos sin importar toldas políticas. ¿Por qué entonces una protesta estudiantil en Venezuela, en donde asesinan a jóvenes desarmados es tomada como la protesta de unos exaltados?  ¿Acaso todos los venezolanos han sido tan estúpidos para desear haber llegado a un gobierno de mayoría absoluta que toma decisiones sin mirar por el bien común? ¿No sucede en otros países europeos?

¿Y las armas, y las tanquetas? ¿Quién las tiene en Venezuela en estos momentos? ¿Quién tiene el poder absoluto en Venezuela en estos momentos? ¿Quién es responsable de la enorme crisis económica del país? Una enorme crisis en donde de nuevo sólo unos pocos vuelven a ser los únicos que tienen acceso al bienestar socio-económico. ¿Tiene la culpa el joven estudiante carpintero que murió de un certero balazo en la cabeza? ¿El joven que lo ayudó a trasladar y también murió de la misma manera? ¿El joven chavista que también recibió un tiro en la cabeza y no se ha investigado de dónde vino el disparo? ¿Tienen la culpa las miles de personas asesinadas por los delincuentes?

Sí, en Venezuela ha habido injusticia, corrupción, pobreza y violencia antes de Chávez, pero eso ¿ha cambiado? No, ha aumentado a niveles dolorosamente increíbles, sin embargo asombrosamente, personas bien pensantes niegan esta realidad argumentando con cifras macroeconómicas oficiales del gobierno venezolano o de organizaciones afines, personas que no se tragan las cifras oficiales, de por ejemplo, España, cuando se habla de crecimiento económico porque saben perfectamente que la realidad es que se está acabando con el empleo digno y los derechos sociales fundamentales.

Llevo veintidós años fuera de Venezuela, antes de salir, conocí de cerca los vericuetos de la injusticia social, de la olla de presión que estaba a punto de explotar, pero nunca creí que un mesías salvaría la situación, el cambio debía venir, ilusa yo, desde dentro de cada uno, pero no desde una perspectiva mística, que también vale si ayuda a aguantar el día a día, sino desde el análisis y la reflexión y sobre todo a través del sentido común y respeto por el otro. Pero no, en Venezuela, teniendo la oportunidad de llevarla a un verdadero crecimiento, se optó por todo lo contrario.

Se podría decir que como yo no vivo allí no tengo nada qué decir, pero sí tengo amigos, familiares personas a las que no se pueden tildar de “oligarcas” o como parte de una oposición fascista. Tengo amigos y colegas periodistas que incluso hace años estuvieron deslumbrados por las supuestas bondades del socialismo de Cuba o de la extinta Unión Soviética, que incluso idealizaban, como ahora veo lo hacen artistas, intelectuales y personas que luchan por los derechos sociales en otras partes del mundo. Estos últimos quizás no sepan que muchos de ellos ahora intentan a duras penas ejercer el derecho a informar a pesar de las amenazas constantes y vulneración de su integridad.

Sí, vivo lejos en kilómetros de Venezuela y también a kilómetros de lo que fue mi infancia y juventud en mi país de nacimiento para bien y para mal, un país al que cuando podía regresar siempre me venía a la cabeza la frase “trágicamente hermoso”, un país en el que sé que me faltarán mis abuelos, cuando regrese alguna vez, y mucha gente querida que he despedido en la distancia. Lo cierto es que las veces que volví después que ganó Chávez, pude ver la transformación del entorno, de sus personas y también la enorme militarización del país. Una de las imágenes que más me impresionó fue la cantidad de motorizados con uniformes varios y armas enormes.

Nunca había visto una Venezuela militarizada, lo más cerca que pude vivir al respecto, fue durante el Caracazo, un hecho excepcional que parecía anunciar que la espita de la olla saltaría por los aires, pero que entonces erróneamente otros miraron para otro lado y todo quizás nos llevó a donde nos llevó, sin embargo, aquellos soldados del Caracazo no pertenecían al paisaje cotidiano del país como sí lo fueron esos motorizados armados y uniformados  que vi durante las últimas visitas.

¿Por qué en los países de América del sur, en donde hubo férreas dictaduras de derechas les parece ahora natural esta imagen en Venezuela? Y no hablo de los gobernadores actuales, ellos apoyan a quienes les procuran poder económico y punto, me refiero a personas comunes y corrientes que se dicen demócratas ¿Por qué? ¿Porque quienes llevan las armas y uniformes militares dicen ser de izquierdas? ¿Acaso las armas no matan igual, las torturas no duelen igual cuando quien la aplica es de un bando o de otro?

Sí, estoy fuera, no vivo en Venezuela, pero no puedo tildar de mentira o ficción lo que sé a través de familiares y amigos que simplemente intentan sobrevivir como un enorme porcentaje de venezolanos indiferentemente de su tolda política. Les escucho, analizo e intento ser objetiva.

Sí, podrán decir que Venezuela es superficial porque se bebe mucho, porque a algunos venezolanos les gusta la juerga, conducen con imprudencia o tienen el Miss Venezuela como referente cultural, pero ¿Acaso los seguidores fanáticos del fútbol de otros países occidentales no son muestra también de superficialidad? ¿No se emborrachan? ¿No comenten infracciones? ¿No son imperfectos?  ¿Por ser supuestamente superficiales los venezolanos y consumistas merecen la represión? ¿Merece Venezuela estar sola?

La solución a lo que sucede en Venezuela no va a venir de manera mágica, ni de la mano de otro iluminado de derechas ni de izquierdas, ni de centro, ni de arriba ni de abajo, ni de una iglesia de cualquier religión, ni siquiera de la santería tan de moda en estos tiempos. La solución para lo que sucede en Venezuela tardará, pero entretanto los venezolanos merecen tener derecho a la libertad, a la no violencia, a la verdadera educación para lograr su verdadera transformación así como merecen tener derecho a la la vivienda digna, la libertad de expresión, la igualdad, la comida sana y a limpiarse el trasero con papel higiénico.

Me duele lo que sucede en Venezuela, es un país complejo, de contrastes brutales, un país capaz de lo mejor y de lo peor, un país hermoso y feo, con gente muy buena y también con gente aprovechada, un país del que antes de Chávez tuve que tomar distancia, pero ello no significa que por sus contradicciones Venezuela tenga que pasar por lo que está pasando ahora, transitar sola este duro momento hacia no se sabe dónde.

No me duele, pero sí me produce asombro la indiferencia de personas fuera de Venezuela que creía coherentes, personas que promueven la luchan por los derechos fundamentales y dicen creer en la libertad de todos y todas pero que sin embargo no lo hacen en el caso de Venezuela, pues parecen analizarlo desde dogmas políticos tan radicales como la radicalización que critican, quizás porque quien es reprimido no lleva la camiseta de su color preferido, por lo tanto o exagera o no existe.

Ahora lo que merece Venezuela es ser vista, escuchada, analizada con coherencia, más allá de las convicciones políticas de quien se tome la molestia de verla, de recordarla en estos difíciles momentos que vive.

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Cárceles de mujeres, con o sin barrotes.

Bad Girls

“Si piensas que la prisión es un infierno para  un hombre, imagínate cómo será para una mujer”

Con esta frase se promocionaba en los años setenta, la serie australiana Prisioner, Cell Block H, una producción sencilla, creada por  Reg Watson que llegó a la pequeña pantalla por primera vez en 1979 y que en el Reino Unido se llegó a emitir en dos oportunidades con un considerable éxito. Y no estaban equivocados, las cárceles en general parecen convertirse en multiplicadores de las injusticias que se suceden fuera de sus predios, en réplicas amplificadas de sociedades en donde todavía no se han resuelto las desigualdades entre hombres y mujeres, donde las diferencias de clase, la corrupción política y económica se expresa en pequeña pero gravísima medida, en donde la libertad de expresión es coartada, y donde hay un dominio y abuso de poder de quien tiene la decisión de abrir y cerrar el grifo del agua, de la comida, de la vida de quienes moran entre rejas.

Llama la atención el repunte que vuelven a tener las series de televisión que se desarrollan en centros de detención de mujeres, no sólo de ficción, porque series documentales como la española Encarcelados, conducida por Jalis de la Serna y Alejandra Andrade   han reflejado la dura realidad de las cárceles, dedicando algunos capítulos a recintos de mujeres en América Latina, en donde se encuentran detenidas ciudadanas españolas. Sus testimonios, expresados muchas veces con temor, o en clave, no se alejan de lo que cuentan las series de ficción, esas que intentan reflejar  esa dura realidad, y digo intentan, porque quien ha visitado una cárcel, aunque sólo haya sido de visita, puede comprender que difícilmente un programa dirigido al fin y al cabo al entretenimiento, refleje mínimamente lo que significa estar entre rejas.

Prsioner, Cell Block H es una de las pioneras que convierte en protagonista al propio centro penitenciario. La serie contaba las vivencias en una cárcel de mujeres, Wentworth Detention Center, un lugar en donde la posibilidad de reinsertarse en la sociedad y ser tratadas con justicia distaba de ser una posibilidad. De allí, quizás el éxito de esta serie, el atreverse a mostrar un mundo oscuro que sólo el cine se atrevía a enseñar por aquellos años, incluso la homosexualidad femenina, que originaba cierto morbo, pues sólo en películas de temática penitenciaria se podía, si no aceptar, comprender que apareciesen mujeres enamoradas o besándose.

La producción, a pesar de lo pobre que se ve con la perspectiva de los años, tiene una enorme fuerza y realismo, no sólo por las buenas interpretaciones, también porque se buscaba presentar a las actrices sin demasiado maquillaje, sin glamour, para centrase en lo que les ocurriese, para que el gancho no fuese su atractivo físico, sino su historia.

En América Latina las cárceles de mujeres siempre tienen una importante cuota de representación dentro de las telenovelas, muchas de las tramas que se han desarrollado han llevado a la protagonista a vivir en una cárcel, la mayor parte de las veces, acusada injustamente y cayendo a los infiernos para volver con más fuerza a la sociedad y reclamar lo que le pertenece. Cómo olvidar  La dueña, (1984-1985) aquella telenovela de José Ignacio Cabrujas, adaptación de El Conde de Montecristo, en la que a falta de cárcel, la protagonista es encarcelada en un manicomio, para que la familia lejana pudiese quedarse con su fortuna  y en donde, Adriana Rigores (Amanda Gutiérrez),  vivirá todo tipo de vejaciones que endurecen su carácter y la hacen regresar a la sociedad para vengarse. Lo que podría parecer una historia inverosímil, Ignacio Cabrujas la dotó de mucho realismo al colocar los hechos en los años veinte, durante la cruenta dictadura de Juan Vicente Gómez y apostando por una protagonista con defectos físicos, efecto del maltrato durante su encierro, que la obligaban a moverse con bastón.

A pesar de su éxito en Venezuela, La dueña no tuvo el  mismo impacto internacional como sí lo tuvo  otra  telenovela de José Igancio Cabrujas,  La dama de Rosa (1986) , una versión libérrima que hizo el dramaturgo venezolano sobre el gran clásico de la historia, Los Miserables de Víctor Hugo. En esta oportunidad, Gabriela Suárez (Jannette Rodríguez) entra en prisión al verse envuelta en un caso de tráfico de drogas por culpa del niño bien de quien se enamora y la deja en la estacada. Gabriela, en la cárcel se endurecerá y saldrá también para vengarse de todos sus enemigos, incluyendo su antiguo amor.

Muchas son las telenovelas en las que la protagonista pasa por prisión, pero este entorno sólo forma parte de una etapa de su recorrido, por el contrario, en series como Prisioner, Cell Block H, es la cárcel la protagonista y por ella pasan diversas mujeres, a través de su encierro se cuentan sus historias, sus dramas. Estas protagonistas no salen para vengarse de una sociedad injusta, si hay venganzas, es por las rencillas internas, por los abusos de poder que ocurren en el recinto, por historias de amor no resueltas, pero nunca fuera. Si el objetivo que mueve a las protagonistas de las telenovelas es salir para vengarse, en estas series, el objetivo es sobrevivir a la cárcel.

En los noventa, la televisión británica apostó por Bad Girls (1999-2006) creada por  Maureen Chadwick, Ann McManus y que retomaba el testigo dejado por la serie australiana que le precedió.  El tiempo que duró en pantalla y el número de temporadas, hablan de su buena acogida entre los espectadores.  La serie mejoraba considerablemente la estética de la serie australiana, ya que se rodó en una cárcel de verdad y en las paredes no se notaba ese aire de cartón piedra de bajo presupuesto, pero en esencia no dista de la serie de las antípodas, historias de mujeres, inocentes y culpables encarceladas, pero que tienen que hacer un enorme esfuerzo para sobrevivir en un entorno  violento.

Bad Girls da un paso más en cuanto al reflejo de las relaciones lésbicas, alejándola de las marimachos acosadoras típicas de los dramas carcelarios, las primeras temporadas se centran en una historia de amor imposible entre la presidaria Nikki Wade (Mandana Jones) y la nueva directora del centro Helene Stewart (Simone Lahbid) Además de las tramas relacionadas con las presas, que todas reflejan un problema externo en la sociedad, cuenta también una trama de continuidad interesante, el techo de cristal para el avance profesional y puestos de poder y dirección para la mujer. Durante varias temporadas se muestra la enorme dificultad para que una mujer pueda ser aceptada como directora del centro, para que sus políticas se lleven a cabo y para que otros hombres y también mujeres, de menor rango y mayor (solo hombres) , les hagan la vida imposible en los puestos de mando pues no aceptan a una mujer como jefa, si no se deja manipular, aunque esté mejor cualificada para el cargo.

Bad Girls

A medida que se van prolongando las temporadas, es cierto que se van repitiendo temáticas y se convierte en una especie de culebrón de emisión semanal, en vez de diaria, aún así, no cansa, porque cuenta con un plantel actoral fabuloso. Uno de los mejores antagonistas, el mejor malvado de turno es Jim Fenner (Jack Ellis) el jefe de sección que tiene una vida anodina y frustrante fuera de la cárcel, que intenta ser  encantador con sus superiores masculinos y  que dentro es un déspota que no duda en convertir la prisión en su reino particular.

Bad Girls es poco conocida en España, sin embargo en Estados Unidos, Allan Ball está preparando la versión americana, llevaban tiempo en este proyecto pero se les adelantó otra producción que está causando furor entre los fans televisivos, o mejor dicho internaúticos, pues es la plataforma para la que se ha producido, Orange is the new Black (2013) creada por Jenji Kohan para Netflix, inspirada en el libro de Piper Kerman.  La serie cuenta la experiencia de una joven de clase media alta Piper Chapman (Taylor Schilling) que decide entregarse para cumplir pena por un delito que cometió años antes por culpa de una mujer, su ex-amante, Álex Vause (Laura, Preopon) y también compañera de presidio.

Los fans de las series están revolucionados con esta producción, como si se tratase de algo nuevo que se cuenta en la tele cuando no es así, incluso se habla de ella como la serie que tenía que venir después de Prision Break (2005-2009) creada por Paul Scheuring, una serie sobre una cárcel para hombres, cuando ha habido varios referentes directos como los que se han señalado.

La diferencia de esta serie con respecto a las demás, quizás su aporte principal, es que el género que utiliza para contar la historia no sea un drama si no una dramedia. Si bien es cierto que las series anteriores tienen momentos luminosos dentro de la oscuridad, a través de subtramas que procuran alivio dramático, no suelen ser las protagonistas quienes llevan la batuta al respecto, suelen ser personajes de apoyo. En Orange is the new black, la manera ingenua  de desenvolverse de la pobre niña rica,  es lo que la convierte en una patosa entrañable. No obstante la serie a veces puede resultar poco realista, casi a veces rayando, muy sutilmente, la idealización de la inclusión y  la habilidad de la chica para salir del atolladero con muy buenas intenciones.

Orange is the new black

Orange is the new Black a diferencia de Bad Girls, refresca la historia dentro del centro penitenciario, al mostrar lo que sucede fuera con el novio de la protagonista y sobre todo con los flash back, que contribuyen a comprender el origen de los hechos, además de dimensionar a la protagonista y otros personajes, pues cuentan lo que las impelió a delinquir para llegar allí, recurso también utilizado por Prisioner, Cell Block H

Como en Capadocia (2010-2012), producción de HBO Latinoamerica (escrita por Laura Sosa, Leticia López Margalli, Guillermo Rios y Carmen Madrid), los saltos al pasado nos  permiten entender la vida de los personajes, pero en el caso de esta última, no refresca, todo lo contrario, añade más dramatismo, es más realista y por lo tanto más dura. El arranque de Capadocia es brutal, y es que las cárceles son duras, pero en las latinoamericanas es indescriptible esa dureza, baste ver un ápice de esos infiernos en el citado programa documental Encarcelados. La primera temporada arranca con un golpe de estado dentro de la antigua cárcel de mujeres en donde la “dictadora” de turno es derrocada por una de las más jóvenes, hay violencia, sangre, represión, etc. A la par, una chica de clase media alta, mata sin querer a la amante de su marido, que resulta ser hija de un magistrado, lo que ya de entrada la sentencia antes del juicio.

Aunque el país en el que se desarrolla Capadocia, podría ser cualquiera de Latinoamérica, es en México donde ocurren los hechos, nación que tiene tradición en contar historias de cárceles de mujeres, no sólo en las telenovelas, también en el cine, en su época dorada, Sara Montiel protagonizó junto con Miroslava y Kathy Jurado, Cárcel de mujeres (1951) dirigida por Miguel M Delgado y en cuyo guión participó Max Aub. Aantes que las series australiana o británica, diría que en el caso de Capadocia, los referentes están más cercanos, como en esta película.

Capadocia, además de las crudas historias de sus mujeres encarceladas, introduce sin tapujos los intereses políticos y económicos en la construcción de la cárcel modelo para mujeres. La serie parte con la llegada de las reclusas de la antigua cárcel en donde se propició el motín, a Capadocia el nuevo y moderno presidio, un lugar más amplio, cómodo, limpio y moderno pero sumamente oscuro. Capadocia existe supuestamente gracias a iniciativas altruistas de los políticos y al capital privado, pero esconde tras  sus muros un gran negocio para unos pocos que se aprovecha de la mano de obra barata.

Antes de Capadocia se emitió en Chile Cárcel de mujeres (2007-2008) , creada por Luis Emilio Guzmán, quizás, al tratarse de una producción más local tuvo menos trascendencia en el resto de Amércia Latina, además HBO recurre a un elenco de actrices más internacional y  al serle  más fácil la distribución a nivel mundial le da más universalidad a su serie que el producto chileno. Esta serie tiene un tono aún más dramático que las anteriores, sin embargo una realización dinámica, alivia la oscuridad no sólo de las historias, también de los espacios lóbregos, sin ventanas. La presencia de la música en el patio, los bailes improvisados de las reclusas, en  el único lugar en donde apenas reciben luz contribuye a aliviar el drama. La competición a través del boxeo también  ayuda a distraer la atención sobre el encierro y se aprovecha para saldar cuentas entre quienes  luchan por el  poder interno, es una extensión de la guerra entre los bandos opositores de encarceladas.

En los últimos cuarenta años, en cada década, hay una serie o varias que se desarrolla en cárceles de mujeres, llama la atención que siendo historias de entrada duras tengan buena acogida en el público. En la mayoría de ellas se repiten los mismos elementos. como por ejemplo:

-Culpabilidad por un crimen que no se ha cometido.

-Lentitud  y fallos de un sistema judicial para probar a tiempo que se es inocente

-Cuando se es culpable, el crimen tiene que ver con asesinar a la pareja que maltrataba a la mujer, o con el  tráfico de drogas para salir de una situación de pobreza.

-Si hay un caso de estafa o corrupción, la mujer posiblemente es la cabeza de turco, la que a lo mejor se lleva todo el peso de la ley, cuando otros los verdaderos artífices del delito, fueron más listos y  están en libertad.

-Dentro de la cárcel hay maltratos físicos, violaciones cometidas por hombres, posiblemente un guarda o por otras mujeres, mafiosas con mucho poder dentro de la cárcel.

-Las mafias campan a sus anchas, se crean líderes que intimidan con la violencia.

-Las nuevas pagan alguna novatada hasta que se ganan al grupo con algún hecho, con algún favor especial  que sólo pueden hacer ellas.

-Alguna reclusa se suicida porque no soporta la presión y algún suicidio en realidad es un asesinato encubierto.

-Las mujeres trabajan dentro de la cárcel por sueldos miserables, alguien fuera se aprovecha del negocio de la cárcel.

-Hay racismo, xenofobia, enormes diferencias sociales que marcan el nivel de privilegios.

-Intentos fallidos de fuga.

-Luchas de poder por el liderazgo, por el control del tráfico de objetos de fuera o de la distribución de la droga dentro del lugar. Un agente de la ley sirve como enlace con el exterior si no es quien dirige el negocio.

– Son constantes las escenas en las duchas, casi un leit motiv de futuros peligros

-Fanatismos religiosos, alguna reclusa encuentra en la religión una vía de escape pero se vuelve extremista.

– Unas chicas se acomodan inmediatamente del lado del poder, esté encarnizado éste en un o una déspota. Son las que sobreviven y se convierten en secuaces manipulables y obedientes.

-Hay relaciones de amor imposible, una reclusa con  un guarda o superiores, que no están permitidos por ley.

-Hay relaciones supuestamente de amor que reproducen la coodependencia , que se basan en la desigualdad. Relaciones lésbicas que reproducen lo peor de las relaciones heterosexuales.

-Existen personajes prototipos como la reclusa loca divertida, la loca peligrosa, la joven drogadicta que se rehabilita pero que recae  y muere de sobredosis, la que controla la cocina que es quien lo controla todo, la mujer mayor experta y maternal, la que sale en libertad y delinque para volver porque fuera no tiene vida y dentro tiene lo más parecido a una familia, etc. etc.

-Trata de mujeres, no es raro que alguien haya montado un negocio de prostitución con total impunidad.

-Maternidades truncadas

– Hay corrupción política, económica y abuso de poder y falta libertad de expresión. Lo que sucede en la cárcel se queda en la cárcel, si no, se puede estar firmando una pena de muerte.

Hay sobre todo una reproducción de todas las injusticias del exterior en el interior de la cárcel. Indiferentemente de que la reclusa sea inocente o culpable, cuando traspasa la verja de seguridad, al desnudarse por primera vez para ducharse, con ese primer chorro de agua que le cae encima puede que arrastre la última capa que protegía su total  vulnerabilidad.

Parafraseando la frase promocional de Prisioner, Cell Block H, si una sociedad es un infierno para los hombres, imagínate cómo será para la mujer. Quizás por eso, algunos vemos las historias de mujeres en las cárceles, porque  algunas terminan bien y ese sueño de justicia  se desea para lo que nos rodea, más allá de los altos muros, para toda una sociedad.

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Cuando desaparece el arcoiris

Arcoiris de fuego

Arcoiris de fuego de Ken Rotberg

O eres de derechas o eres de izquierdas, o estás conmigo o estás contra mi, o es blanco o es negro, o sigues mi religión o eres pecador… No parece haber opciones, han desaparecido los matices, la diversidad de tonos y el perfecto equilibrio con el que se puede convivir, esta es la verdadera crisis en la que estamos imbuidos y la que lleva a todos a vivir en una constante tensión existencial, que si no la buscas, te la llevan a tu casa, a donde sea, incluso al más allá, porque si mueres o vas al cielo o al infierno, esas son las únicas opciones.

Es muy difícil ser coherente y no verte obligado a la constante necesidad de tomar posición extrema, de definir en qué lado estás en este mundo, en los trabajos, en la política, en el día a día…  Cuando decides ver al otro con perspectiva, dimensionado, con matices, inevitablemente algunos, de los que sólo observan y juzgan bajo la óptica de los extremos, te interpretarán como uno de los otros,  un enemigo en potencia, te quedas entonces en tierra de nadie.

Una vez traté de explicar esta posición a una  conocida y me dijo que si uno no escogía entre el blanco y el negro, además de ser ambiguo, se era gris y me di cuenta en ese momento, que eso es lo que siempre nos han metido en la cabeza como una certeza absoluta sin ser verdad, porque la realidad física es que entre el blanco y el negro hay una maravillosa gama de colores, cuya existencia depende de los que tienen al lado.

Si no quieres estar en el negro, negando el blanco y viceversa, puedes, cual Dorothy en El Mago de Oz estar en el arcoiris, entonces ¿por qué no permitirnos esta brillante y maravillosa posición? Porque es peligrosa, no para quien la elige, para todo aquel que desee manipular, desee el poder absoluto, y en esos contextos no cabe el diálogo, porque para que este se dé hay que poder decir más palabras que “sí” o”no”, hay que poder argumentar, con respeto y educación, utilizando un amplio vocabulario con múltiple significado, hay simplemente que pensar un poco más para comprender al otro.

Todos pregonan la lucha, la resistencia para que reafirmes una posición contradictoria, que no contraria, incluso algunos con gran ferocidad ni luchan, dejan un color para irse al otro, al del extremo y seguir exigiéndole al resto del mundo una posición radical, pero la gran batalla particular es poder mantenerte en el arcoiris y que esa sea tu posición, sin estar en un limbo, sin ser gris, sin ser tibio, como algunos quieren hacerla parecer. Sólo hay un hecho en el que hay dos únicas opciones extremas: estar vivo o estar muerto.

Ya ni cansancio siente uno cuando, por ejemplo en España se está en contra de recortes vitales para la sociedad, de la pérdida de bienestar comunitario, sólo porque lo decide una mayoría absoluta sin escuchar el clamor de la población afectada, entonces quienes aplican estas acciones, te tildan de izquierdista radical. Si en Venezuela estás en contra del recorte de derechos y libertades fundamentales, de oponerte a la injerencia cubana, entonces eres fascista y deseas fervientemente una invasión estadounidense. Por supuesto que son diferentes los contextos anteriores pero se acercan en esa forma de obligarte cada vez más  a posicionarte y a etiquetar a la ligera y de manera grandilocuente al otro que se opone a sus designios. Por ejemplo, hace poco la número dos del partido de gobierno en España, llamaba nazis a quienes  delante de las casas de algunos políticos de su partido  se manifestaban pidiendo acción a favor de la ley antidesahucios, para no terminar en la calle y encima debiendo dinero a los bancos; casi al mismo tiempo en Venezuela, Nicolás Maduro, el heredero de Chávez, llamaba nazis a los venezolanos que pedían un recuento de los votos, debido a las grandes dudas  por las cientos de irregularidades en varios centros de votación.

No hay término medio en ningún caso porque ello significa que se estaría aplicando el sentido común y esto último llevaría a ver por el bien global,  cosa que a los que insisten en el “blanco o negro” no interesa; el bien, la riqueza, el poder, lo quieren para los colores extremos, los demás colores del arcoiris, no cuentan para ellos.

Esta reflexión se vuelve casi diaria sobre los extremos que se ven en el mundo, en donde la violencia  se convierte en cotidiano, guerra en Siria, violaciones a mujeres y niñas en India y Pakistan, atentando en la maratón de Boston, la criminalidad y asesinatos en América latina e innumerables hechos en cualquier parte del mundo de los cuales poco sabremos, entonces recordé la película franco- canadiense  escrita y dirigida por Denys Arcand  “Las invasiones bárbaras” (Les invasions barbares 2003) .

La película narra los últimos días de un profesor universitario, Rémy, que toda su vida ha sido mujeriego, infiel y en teoría un transgresor de ideas radicales  intelectuales y políticas. Con la llegada de un cáncer fulminante se enfrenta a un sistema hospitalario decadente que se ha venido abajo por los constantes recortes sociales de los gobiernos de turno. La ex mujer llama a su hijo para que le  ayude con el papeleo y las gestiones, pero se llevan fatal porque Rémy considera a su hijo un vendido al capitalismo pues trabaja en una empresa que especula con el dinero de unos y otros alrededor del mundo, y él considera a su padre un libertino radical.

Ante las deficiencias hospitalarias, el hijo se dedica a comprar a la gerente del hospital y una de las responsables de aplicar las políticas de recorte, a los sindicalistas que parecen controlar todos los movimientos de los trabajadores, para que le preparen una habitación particular a su padre en una zona abandonada del centro. El hijo además localiza a los mejores amigos del padre para que le acompañen en su final.

El verdadero reencuentro  se da a partir de que el hijo acepta que su progenitor, a pesar de haberse separado y haberle abandonado le quiere profundamente  y que en la infancia hubo honestos actos de amor y cuidado hacia él. El padre, por otro lado, asume el enorme esfuerzo del hijo por procurarle lo mejor, aliviarle el dolor y encontrar y traerle a los seres más queridos, aunque para lograrlo use el dinero capitalista.

Lo más interesante de la película son las reflexiones del hombre moribundo, quien recuerda que la humanidad no aprende, que todo es como las invasiones bárbaras, con otras formas de matar, incluso con menos muertos comparativamente, pero siempre igual, quítate tú para ponerme yo, un afán constante de destrucción del otro a través del radicalismo.

La mejor escena de la película resume la gran reflexión que hace Rémy junto a sus amigos, que han recorrido un mundo de posiciones extremas, de blancos y negros, para llegar a la conclusión de que lo importante de la vida es la gente que quieres y has querido de verdad, como los amigos, como el hijo que le acompaña, como la hija que se despide desde un velero al otro lado del mundo, vía satélite porque sigue su camino, la búsqueda de la realización de sus sueños.

-Hemos pasado por todo, es increíble. Separatismo, Independentismo, Soberanismo, Soberanismo asociacionista.

Al principio fue el Existencialismo.

-Leímos a Sartre, a Camus.

-Leímos a Franzt Fanos, fue el Anticolonialismo.

-Leímos a Marcuse, pasamos al Marxismo.

-Marxismo leninismo.

-Trotskismo, Maoismo.

-Leimos a Solzhenitsin y nos pasamos al Estructuralismo.

-Situacionismo, Feminismo.

-Descontructivismo

-¿Queda un “ismo” que no hayamos adorado?

-El cretinismo

-¡Dios mío, no! (Y todos ríen)

Entonces Rémy, recuerda  a la joven arqueóloga china que conoció a finales de los sesenta, “…Cuando China empieza a abrirse a Occidente. Guo Jing realiza una visita cultural a Montreal. La Universidad delega al izquierdista de turno, yo. Entro en el restaurante del hotel, la veo, muero. Derretiría a los siete mil soldados de terracota del emperador Quin. Pido un té, hablamos de banalidades, ya me veía haciendo la postura pequinesa o la hamaca de Sichuan. Bien, ahí estoy y para hacerme el interesante me lanzo y le digo: es increíble lo que ocurre en su país, no sabe cómo la envidio, la Revolución Cultural es fantástica. Al oírme sus ojos negros se ensombrecen. Horrorizado me doy cuenta de que me toma por un agente provocador de la CIA o por el mayor cretino de Occidente, se inclina por la segunda posibilidad… Limpió cerdos durante dos años en una granja de re-educación, asesinaron a su padre, su madre se suicidó. Pero un buen idiota franco-canadiense, por haber visto películas de Jean-Luc Godard y leído a Phillippe Sollers opinaba que la Revolución Cultural china era fantástica. En la escala del cretinismo, no se puede bajar más.”

La película termina con el fallecimiento del profesor, no sin antes despedirse de lo único verdadero que le queda después de haber pasado por todos esos “ismos”: el hijo, la ex-mujer y los amigos que le quieren y respetan tal cual es. El final parece ser la respuesta a su petición de días antes de fallecer, cuando buscaba un sentido a la existencia, cuando tenía miedo de morir sin haberlo encontrado.  Quizás cuando se dio cuenta de que no todo era blanco o negro, aceptó irse tranquilo.

Sí, es cierto el dicho: los extremos se tocan, y cuando lo hacen intentan borrar y aniquilar todo lo que hay entre ellos. La lucha es, si es que tiene que haber lucha, evitar que desaparezca el arcoiris.

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Tara o la tierra mágica

Scarlett junto a su padre admirando Tara

Scarlett junto a su padre admirando Tara

Hace dos años en la búsqueda de  espacios para la expresión y de mi propia Tara inicié la aventura de crear este blog. El personaje que me inspiró fue Scarlett O´Hara y por eso he querido dedicar este post también a ella, pero sobre todo a Tara.

Siempre que veo la película o cuando leí el libro, me pareció que una fuerza telúrica se movía debajo de lo que se veía, se contaba, pero no sabía muy bien de qué se trataba. En absoluto se puede decir que Lo que el viento se llevó es una película religiosa, sin embargo posee todo un subtexto místico. Es evidente en la película el origen irlandés de la protagonista, su padre lo recuerda, no sólo por su apellido, también por su pasión por los caballos. En la cultura celta este animal es muy apreciado y así como es símbolo de la vitalidad, también lo es de la muerte si es negro. En el filme Gerald O`Hara aparece montando velozmente sobre un caballo blanco y cuando muere, lo hace al caer de un caballo oscuro, lo mismo sucede con la nieta, la pequeña Bonnie, quien se rompe el cuello como el abuelo al caer de un poney negro.

El color verde, inherente a las tierras celtas, tiene su aparición de manera muy sutil pero significativa. El padre de la protagonista viste de verde cuando aparece en su caballo blanco entre los árboles frondosos y  verdes. Scarlett va a su encuentro vestida de blanco, con dos pequeños lazos rojos en su cabeza que hacen honor a su nombre y con un pañuelo verde anudado en el mentón que sirve para sostener su sombrero. Cuando la necesidad acucia y está a punto de perder Tara, puede salvarla haciéndose un vestido verde de las viejas cortinas de la casa de la plantación.

Otra aparición relacionada con los árboles tiene que ver con la hacienda vecina, en donde provienen los  otros personajes que marcan el cambio radical de la vida de la joven, “Doce Robles”. Aparte de que pueda llamarse así porque hubiese este número de árboles en el lugar, en el mundo celta en particular, este árbol tiene mucho valor simbólico,  existe una teoría que dice que la palarba Druida, proviene de roble ya que la denominación en galo es dervo, en irlandés daur y en galés derw y se interpreta que un druida es  el sabio o conocedor del bosque y de los árboles y sirve de enlace entre el mundo humano y el mundo invisible. ¿Casualidad? Puede ser, pero la propia historia que se narra confirman el río subterráneo de homenaje a todo lo celta, a lo positivo de esta cultura.

A diferencia de otras culturas, para los celtas, como dice Caitlin Matthews en su libro Tradición Celta (de quién saco todas las referencias y citas de este post) en las leyendas celtas no se establecen muchas diferencias entre los sexos, las mujeres pueden ser protagonistas deseosas de aventuras, de no quedarse en casa, provocadoras de la acción , hábiles en el amor y la guerra. Por lo tanto no es raro encontrar heroínas como referentes de aventuras. Scarlett es la princesa heroína de la historia y su padre se lo hace saber desde el principio, “al final lo único que importa es la tierra”, pero no se refiere a una posesión en sí, sino al reino, al orígen, a la naturaleza, a su esencia. Tara es el “Otro Mundo” paralelo, es el centro sagrado, la quinta dimensión. Para los celtas “Existe un mundo, un rey, un año, una forma cósmica, donde suceden las cosas. Pero las cosas no son tan sencillas, pues el mundo celta está cargado de la incertidumbre y de la influencia imprevisible del Otro Mundo, cuyas entradas siempre están abiertas para sorprender y para hacer tropezar a los desprevenidos”. Según qué región, qué país, este centro sagrado cambia; para los celtas irlandeses se ubica en el monte de Tara, sede de los altos reyes. Scarlett por tanto es la heredera de este reino y ha de aprender a actuar como tal cuando se aleje a otros mundos,  cuando se aleje de su esencia, lo cierto es que Tara es su lugar para poner los pies en la tierra y saber quién es. Pero no creo que tenga que ver sólo con una visión tradicionalista irlandesa, va más allá,  se trata de encontrar su lugar en el mundo aunque no esté necesariamente en la misma tierra.

“Los celtas, quizás más que ningún otro pueblo, siempre han amado al país donde tienen su hogar: el Otro Mundo. Es la fuente de su sabiduría, el país de sus dioses, la dimensión en la que se sienten más a gusto los poetas y los que vagan sin rumbo. El que ha visitado el Otro Mundo se convierte en algo más que un mortal” Y tanto, que Scarlett O`Hara ya es un mito inmortal. El juramento sobre Tara Para los celtas un buen reinado debe ser cumplido o si no vivirá la maldición de Tara, que pone en juego todos los elementos de la naturaleza en contra del rey que incumpla su palabra. En el famoso juramento galo se expresa este compromiso: “Si no cumplo mi palabra contigo, que me caiga el cielo sobre la cabeza, que me ahoguen los mares, que se alce la tierra y me trague” Juramento apasionado donde los haya, como lo es el famoso juramento de Scarlett O`Hara en donde sutilmente se perciben todos los elementos sagrados, lo líquido en las lágrimas precedentes, el fuego en el color del  cielo en el atardecer, la leve brisa que mueve los cabellos o el recuerdo sobre lo que el viento se ha llevado  y por supuesto la tierra en la mano.

Scarlett se desvía de su camino cuando se aleja de Tara, cuando se convierte en una mujer superficial, cuando intenta ser otra persona que no es, cuando se aleja de la mujer activa, independiente, luchadora y leal, sólo el Otro Mundo, Tara, será capaz de devolverle la verdad sobre su ser, el lugar simbólico donde reponer fuerzas y cumplir la promesa de no apartarse de su camino por nada ni por nadie y así evitar que  los elementos se la traguen de nuevo.

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Series que me hicieron nipona

Los que fuimos niños a finales de los años  sesenta, setenta y parte de los ochenta, en América Latina, en los entonces llamados países en vías de desarrollo,  fuimos en gran parte acunados por la tele. Sin importar el estrato social, porque en las casas podían faltar sólidas paredes, un trozo de techo, quizás camas  e incluso agua, pero jamás podía faltar un televisor, cosa que sigue sucediendo.

Ahora internet, a medida que baja sus precios y gracias a los nuevos dispositivos como los smartphones o tablets  empieza a desplazar a la televisión como gran medio de comunicación de masas, como niñera cibernética  y  como compañero de juego de los jóvenes y pequeños de hoy, pero cuando yo era niña,  lo que  predominaba era la radio y empezaba a repuntar la Tele como ama absoluta de nuestro salón o cocina.  A finales de los sesenta la televisión alternaba su poderío con la radio, y no puedo evitar sonreír al recordar esas  maravillosas tardes en las que volvíamos de la guardería, el Kinder o el Pre Kinder  y mí Tía Omaira, que entonces nos cuidaba, escuchaba la radionovela y junto a mis hermanos nos adormilábamos como cachorritos, unos sobre otros en la cama,  escuchando la radionovela de turno. Nos removíamos y salíamos del ensueño, emocionados, cuando de repente un héroe con voz profunda decía: “Martín Valiente, el ahijado de la muerte” acompañado de su fiel “Frijolito” un ayudante especie de Sancho Panza con una voz aflautada, que me recuerda a otro gran personaje,  Prizzy,  diciendo “Señorita Escarlata, señorita Escarlata, la señora Melania….”.

José Bardina y Lupita Ferrer en Esmeralda

Lo cierto es que con la distancia de los años, del espacio, ahora vivo en la neo-convulsa Europa, empiezo a comprender las influencias a las que nos veíamos inocentemente sometidos los niños, por la radio, pero  sobre todo por la tele. Dejando aparte el capítulo telenovelas para adultos como Esmeralda, Mi hermana gemela, La usurpadora, Los ricos también lloran, y las diarias dirigidas a un público infantil, Lucerito, Jacinta Pichimagüida, Papá Corazón, El Chavo del Ocho, El Chapulín Colorado, etc. etc. producciones originales en español, también nos pasábamos horas viendo las norteamericanas como El llanero Solitario,Batman, Superman, El Zorro,  El Avispón Verde,  La novicia voladora, Perdidos en el espacio, Star Trek, Los Monsters, Los Locos Adams, Embrujada, Mi bella Genio, la británica Los Vengadores  etc, etc.  Y me detengo en enumerar porque de tan larga que es la lista pareciera que nunca tuve tiempo de compartir con mi familia, subirme a una bici o jugar al escondite, porque entonces, a pesar de tal variedad de contenidos, teníamos tiempo para ser niños y jugar con otros niños de carne y hueso, no virtuales.

Además de todas esas series,  también vimos muchas series japonesas que creo nos marcaron de diversas maneras. Ahora quizás comprendo porqué no me llamaba tanto la atención el auge del Manga en España hace unos veinte años, porque sin saberlo, sin recordar nombres y personajes en especial, había mamado esa cultura desde mi más tierna infancia, sin darme cuenta había sido una niña nipona  exiliada en el Caribe. No voy a decir que soy una japonesa que extraña su tierra asiática, lo que sí puede ser es que añore ese ambiente alegre del pasado que no volverá, el de la Venezuela en la que las series de televisión también, en parte configuraban mi carácter y el de mis vecinos. Con la perspectiva de los años, veo que algunos contenidos eran un poco fuertes para niños, para bien y para mal algo se construía dentro de nosotros, quizás esa sensación de ser ¿extraterrestres? ¿Monstruos? ¿Robots? o quizás héroes. ¿Quién lo sabe?

La señorita Cometa, Cosmic Baton Girl o Kometto-san. Basado en el manga japonésde Mitsuteru Yokoyama,

La primera alienígena que tocaba las puertas de nuetros hogares era La Señorita Cometa. (Yumiko Kokonoe la  interpretaba) Cómo olvidar a esta graciosa extraterrestre que como castigo por sus travesuras en su planeta, era enviada a la tierra para ser la niñera de dos pequeños en la ciudad. Como Embrujada ella también debía mantener oculto sus poderes, aunque tuviese en sus manos una varita mágica. Después de sus aventuras y travesuras,  miraba hacia el cielo y el todo poderoso e invisible mago El profesor, marcaba su cara con una X como desaprobación o un círculo cuando todo había salido bien.

Era un humor ñoño, pero divertido para los niños, creo que todos soñábamos con tener a una niñera así de divertida, traviesa y pizpireta, pero lo que debe habernos marcado más, sin darnos cuenta,  es la figura de El profesor y su poder magnánimo de coartar la frescura del espíritu de la señorita Cometa. Una figura paternal que está en otro planeta, quizás más pequeño que la Tierra,  a quien hay que rendirle cuentas al final del día, alguien que te da una varita mágica para recordarte que tienes un poder, que eres un igual, mago, pero que cuando te sales del camino, de su camino, te marca con una X.

Ultramán

Paralelamente a la dulzura sumisa de La señorita Cometa veía con mis hermanos Ultramán (Urutoraman) cuyo héroe principal era otro extraterrestre que al venir a la tierra chocaba con el joven patrullero científico Hayata, y sintiéndose culpable le da una cápsula especial para que ambos se fundan en uno y se conviertan en el gigante metálico capaz de pelear y proteger la tierra de los monstruos invasores. La verdad es que lo más divertido de Ultramán era tratar de pillar el plano en el que se veía la cremallera del traje metálico y más tarde, siendo adolescentes, utilizar la trillada frase con la jerga venezolana “fulanito o fulanita es Ultramán porque levanta sólo monstruos” es decir, que atrae, liga, solamente a gente poco agraciada.

Ultramán habla de nuevo de alguien que quiere encajar, el extraterrestre, que expía su culpa intentando ser humano,  por lo que integra al chico en su ser y lo lleva a enfrentarse con los monstruos, que como él en sus cruentas batallas se arrasan ciudades enteras. Estas peleas, en el sentido visual, eran  divertidísimas, con horteras coreografías, efectos y sobre todo por lo evidente de que los edificios y cochecitos eran las maquetas casi de juguete. Ultramán como buen héroe casi siempre vence, pero nadie, nadie se hace cargo de reconstruir los lugares, así que de nuevo empiezo a entender otro mensaje que se nos puede haber grabado sin saberlo: arrases con lo que arrases, lo importante es ganar, acabar con el monstruo que viene de fuera, aunque ello implique acabar incluso con tu propia ciudad una y otra vez.

Goldar y familia junto a su creador

A la par que Ultramán estaba una serie que a mí por lo menos me daba un poco más de miedo, se trata de Monstruos del espacio o Goldar (Ambassador Magma (マグマ大使, Maguma Taishi) creada por Ozamu Tezuca, un precedente manga de lo que sería posteriormente los robots Transformers.  En esta serie, tanto el héroe Goldar/Magma como el malo Rodak, realmente me producían repelús, especialmente el primero con su cabellera rubia sobre un rostro, frío, duro y dorado. Los protagonistas también son extraterrestres que vienen a la tierra a salvarnos de los planes tiranos del malo. Aunque  el robot protagonista no se convierte en humano, actúa como tal y forma una familia junto a su mujer Mol/Silvar y a su hijo Gam, todos creados por el mago Methusa.

Los inquietantes secuaces Lugo Men

En esta serie se presenta una clara polarización entre los robots buenos y los robots malos y, entre medias está la familia humana que siempre se ve peligrosamente envuelta en descomunales batallas sin quererlo.  Cuando los pobres humanos no estaban en medio de estas confrontaciones eran atacados, acosados o secuestrados por los Lugo Men, un ejército sin rostro, de humanoides enviados por Rodak para instaurar aún más el miedo en la tierra. Sobran las palabras en lo que puede haber influido esta serie en nuestra sociedad.

Astroboy en acción

Llegamos al dibujo animado que parecía más tierno y que detrás esconde una terrible historia, Astroboy, (Tetsuwan Atomu)  también del genial creador de anime japonés Osamo Tezuka.  Esta serie en realidad es una mezcla de Frankenstein y Pinocho. En la primera versión, en blanco y negro el científico Temma, al perder a su hijo en un accidente de tráfico, crea un robot a su imagen y semejanza. El niño robot es perfecto, pero el padre quiere más, lo que significaría su éxito como científico y que además le acercaría a ser una especie de dios, desea que Astroboy  crezca y como no lo hace lo repudia, lo destierra, peor aún lo vende a un explotador de robots, quien lo utiliza en cruentas batallas de feria. En versiones posteriores se suavizó el papel del padre, pero la semilla estaba sembrada. Astroboy es un robot con superpoderes que a pesar de lo vivido, a pesar de no estar al servicio de su padre mesiánico, encuentra su papel en la vida, encuentra amigos que le  comprenden y aceptan como es, un robot con sentimientos y un héroe siempre listo para proteger a los más desfavorecidos.

Los japoneses tienen una cultura aferrada a las jerarquías donde el Emperador es el gran padre, marcada por las tragedias naturales que constantemente se suceden, marcados por las dos bombas nucleares que arrasaron Hiroshima y Nagasaki, puedo comprender en este contexto estas series y cómo los niños nipones las asumían como algo natural. ¿Pero qué pasa cuando niños del otro extremo del mundo se crían con estas historias sin ser propias? Quizás sin darnos cuenta, nos estábamos preparando para el futuro, un tiempo en el que los enormes monstruos nos atacarían bajo la cara de crisis económicas, gobiernos autocráticos, valores en decadencia, etc. etc. Quizás no sea casualidad que el tiempo en el que trascurrían algunas de esas series era a partir del año 2000. Ahora quizás toca ser un poco Astroboy y un poco Señorita Cometa, usando la magia para resolver los problemas, alegre siempre y sin esperar que alguien desde arriba la marque con una X o una O.

El temible villano Rodak

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Quiero ser como Endora

Endora

¿Una suegra pesada? ¿Una mujer mayor que no está pendiente de su marido? ¿Una lengua ácida? ¿una mujer madura coqueta? ¿Una mujer que cuestiona lo establecido? Seguro que muchos  de los que recuerdan Bewitched (1964-1972), Embrujada en España, Hechizada en América Latina,  piensan en los aspectos más negativos de Endora, la madre de Samantha, como si fuesen sus principales características, pero nada más lejos de la realidad. La deliciosa y excéntrica bruja pelirroja, interpretada magníficamente por Agnes Morehead, resulta un personaje sumamente atractivo y rompedor.

Endora simplemente es libre y disfruta de sus poderes, que podríamos traducir en hacer uso de sus dones, por lo tanto de sus talentos, aunque ello la haga ser menos sacrificada, cosa que no se permite su hija por estar casada con un humano. Endora es el personaje más moderno dentro  de una ya de por sí   serie “moderna” para la época,  unasit-com en la que se aprovecha para mostrar los Estados Unidos prósperos a través de su avance tecnológico, especialmente centrado en electrodomésticos para el hogar, y la agencia publicitaria en la que trabaja Darrin (Dick York/Dick Sargent), el marido de Sam , que tiene gran protragonismo (casi podría ser una precuela con menos glamour de Mad Men)  como símbolo y referente del éxito del New Deal  para el resto del mundo.

Sin embargo, esa modernidad se queda en la apariencia, pues el avance en cuanto a los roles hombre/mujer con respecto a décadas anteriores no cambia: el marido es quien provee, trabaja, y la mujer es quien se encarga de cuidar del hogar y de los niños. El hombre se encarga de darle lo mejor, los aparatos más modernos, el coche grande, la casa grande, el vecindario decente, el jardín y ella debe mantenerlo en perfecto estado y además ser feliz eternamente. Lo más triste en Bewitched, no es que la protagonista opte por esta vida, pues está en todo su derecho, es que lo haga y sacrifique sus poderes, un don que le facilitaría el trabajo de mantener todo en perfecto estado y tener tiempo para otras cosas, otros hobbies o necesidades individuales.

Samantha, graciosamente interpretada por Elizabeth Montgomery, quien era productora en la sombra de la serie y esposa del director y también productor William Asher, encierra toda su juventud y frescura en las cuatro paredes de su casa porque entiende que eso es amar a un humano, de allí el horror que le produce a Endora esta situación. En un principio no comprende porqué su hija se quiere casar con un humano que sólo busca lo material y  no tiempo para disfrutar de la vida :”todos son iguales para mí, narices en el escritorio, luchando todo el día, los pies firmemente plantados en el suelo, con razón no pueden volar” (actitud, por cierto, muy valorada en la sociedad occidental para alcanzar el éxito). Por otro lado,  Endora, entiende menos aún  que sea su hija quien haya tomado la iniciativa de renunciar a sus poderes, sin antes habérselo pedido Darrin, para que él no se sienta inseguro.

Es realmente incomprensible, y no sólo para Endora, que su hija renuncie a su esencia para ser aceptada; una esencia positiva, alejada de la idea de que para ser afortunados hay que aspirar a trabajar muchas horas y tener una casa:  “…para los humanos está bien hija, pero no para nosotras, somos azogue, sombras en la noche, sonidos exóticos, nuestro hogar no tiene límites que no podamos cruzar. Vivimos en la música, en el color, vivimos con el viento, en la punta de una estrella. ¡Y quieres cambiar todo eso por media hectárea de yerba silvestre!” A pesar de todo, Endora acepta la opción de su hija: casarse con un humano.  Sin embargo, de vez en cuando aparece  para recordarle que siempre puede volver a ser ella misma, una bruja con poderes, sobre todo si esto le ayuda a resolver problemas sin sacrificarse tanto: “Solo porque tu marido es humano no es razón para exagerar tu papel de ama de casa”

Sam acepta todo lo que le dice Darrin sin cuestionar nada, es la vida que ella ha elegido, si él quiere una casa, antes de verla ya dice que le gusta porque le gusta a él; si hay que organizar una cena para los jefes o clientes con poco tiempo de antelación, ella lo acepta de buena gana. De vez en cuando utiliza sus poderes, cuando las cosas se le van de las manos, pero siempre ocultando el hecho y no sin antes sentirse culpable.

Con todo y que las tramas de enredos eran divertidas, a medida que va pasando el tiempo y la serie se va acercando a los años sesenta, el personaje de esposa exageradamente abnegada empieza a envejecer prematuramente, no porque la actriz lo hiciese, sino porque las mujeres de los setenta empiezan a identificarse con mujeres trabajadoras, profesionales, más libres en el amor, aventureras. Si no hubiese sido por los personajes episódicos, con la divertida familia de brujos como la entrañable y despistada Tía Clara (Marion Lorne), asistir a la vida de Sam estaba demasiado visto y empezaba a ser aburrido, tanto, que Elizabeth Montgomery decidió incorporar el personaje de la prima Serena interpretado por ella misma, como contrapunto divertido e irreverente a tanta abnegación. La prima Serena es morena, arriesgada, aventurera, libre en el amor, pero exageradamente superficial y materialista.

Serena se acerca en la personalidad a Endora, pero no es ella pues la madre, con todo y sus “encantos” es bastante sensata y está cuando su hija la necesita, incluso para ayudar a Darrin en momentos complicados en su trabajo. Endora está también para que Tabatha, la hija de la pareja protagonista, desarrolle sus poderes y no los sacrifique por nada ni por nadie en el mundo. Endora  aporta picante y sal a una serie que de lo contrario hubiese sido muy sosa. Sus apariciones súbitas en los lugares más inesperados, con poses gatunas, en lo alto de un armario, acostada en la barandilla de la escalera, sobre el televisor, la muestran siempre plácida con su cuerpo, con su ser, con su condición de mujer segura de sí misma, aunque todo hay que decirlo, debería tocar la puerta antes de entrar en la casa de su hija y yerno, lo único que se le puede recriminar y sin embargo a lo que se suele recurrir para ser recordada como la suegra literal y metafóricamente bruja.

Endora es un personaje incómodo en ciertos contextos y sociedades donde las mujeres creen que son libres porque eligen autosacrificarse en el amor, por la familia, eligen dejar sus talentos de lado, olvidar sus objetivos profesionales, ocultar en lo que son realmente buenas y sus conocimientos, especialmente cuando saben más,  para que algunos hombres no se sientan incómodos. En los sesenta se puede comprender esta manera de pensar y actuar, mujeres hechizadas, embrujadas por una presión social terrible; en el siglo ventiuno es inadmisible, pero sigue sucediendo en sociedades llamadas progresisitas de manera consciente o inconsciente por parte de las mujeres, menos mal que varias Endoras aparecen de vez en cuando sobre los armarios para recordarnos que lo más importante es ser uno mismo, aunque de una bruja o brujo se trate.

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¿El enemigo necesario?

Forest Whitaker como Idi Amín en El último Rey de Escocia

La mayoría de las religiones y filosofías exaltan la amistad y el amor como una necesidad para la humanidad en su búsqueda de la felicidad, pero en la práctica, parece que se manejan otros valores, los maquiavélicos que dan la razón a Julio César, “divide y vencerás”, es decir, mientras tus enemigos se distraigan batallando los unos con los otros, saldrás triunfador, pero  ¿de qué?

¿Quién no ha participado consciente e inconscientemente de esta absurda filosofía de vida en las propias familias o en el colegio? Si no eras de los raritos que preferían ir a su aire, posiblemente pertenecías a un grupo y dentro de este grupo, alguno, para mantener su liderazgo, de vez en cuando centraba su ataque en uno de los miembros, un potencial competidor, uno más débil u otro que pusiese en evidencia su incapacidad de liderazgo. Mientras todos desviaban su atención al “enemigo” del momento el líder se liberaba de ser acusado de algo, tapaba de esta manera su error y mantenía su poder, era el hermano guay, el primo listo, la popular del instituto y hasta la madre o el padre ejemplar, pues en este juego todos son capaces de participar.

Parecen cosas infantiles, pero en algunos trabajos, la idea de trabajar en equipo se traduce en la elección de uno de los compañeros para machacarle constantemente, centrar toda la atención negativa en él, sea o no grave el error que haya cometido, si es que realmente ha cometido alguno. Es más preocupante aún  cuando esta actitud la fomentan determinados jefes para distraer la atención sobre su escaza capacidad.

Recuerdo en un trabajo que había una compañera sumamente conflictiva, que desestabilizaba al grupo con sus constantes quejas, gritos y mal rollo, lo que más me llamaba la atención es que parecía inamovible, de hecho lo es, porque pasan jefes por ese despacho y ella continúa en el mismo puesto. El problema no es ella, creo yo, es el sistema que paradójicamente la premia, ¿por qué? porque es necesaria, mientras ella ataca al resto del grupo, el resto del grupo vuelca, a sus espaladas, toda la rabia sobre ella y entre tanto no se dan cuenta de los errores cometidos por los superiores ni de las verdaderas injusticias de las que son víctimas. Lo más lamentable es que cuando la chica se calmaba, o estaba de vacaciones, todos parecían echar de menos un blanco tan fácil y no tardaban en volcar ellos mismos su frustración sobre otro compañero, bajo la justificación más nimia. En el fondo creo que todos estaban dispuestos a ser algún día la víctima temporal porque pronto podrían ser victimarios, sabían que manteniendo estas reglas del juego se mantendrían en el grupo, por lo tanto en  el trabajo. El problema se traslada entonces a quienes desean mantener un espacio de libertad individual, esos son los más peligrosos para el sistema, porque  sin darse cuenta enfrentan al resto del grupo a su propia esclavitud a un sistema  perverso de relaciones, a su, como diría Fromm propio miedo a la libertad.

El miedo a sentirse fuera del grupo, a ser independiente de pensamiento y acción, respetando por supuesto los límites del otro a través del diálogo, supone un esfuerzo, y a veces las sociedades prefieren que otros se hagan cargo, otros decidan por ellos, otros sean padres o madres castradores, otros decidan quienes son amigos o enemigos.

En la televisión determinados realitys  o talk shows viven de este tipo de interrelaciones, programas en donde se van rotando los enemigos necesarios, el blanco a atacar, incluso protagonizando el conflicto los propios comentaristas y colaboradores. Esta confrontación se sigue gustosamente por una audiencia que de alguna manera ve reflejada su realidad, es decir, su manera de interrelacionarse en familia, en trabajos, en sociedad.

En la ficción, el género de desastres es el que mejor refleja este tipo de interrelaciones humanas, en donde un grupo de personas se ven abocadas a convivir y a sobrevivir juntos tras una catástrofe. Lo primero que se plantea es quién será el líder y por supuesto el héroe verdadero no lo quiere ser aunque a su pesar se lo demanden. El antagonista se considera líder por gracia divina y dividirá al grupo, por lo que lo pondrá en peligro, aún así tendrá seguidores que no dudarán de su liderazgo porque sus actos son más visibles, sonoros y hasta violentos.

Película El señor de las moscas

En las series o películas suele triunfar el héroe que busca el diálogo, que dirige con firmeza manteniendo el respeto hacia los otros, el que motiva exaltando las virtudes más que los defectos, el que escucha, el que es justo y el que no se considera superior a los demás, mucho menos la representación de Dios en la tierra por haber sido elegido líder. Este final en la ficción cada vez más es, valga la redundancia pura ficción, un  forzado final feliz de los cuentos de hadas porque en la vida real, los liderazgos se los llevan los otros, los que dividen, los que fomentan el miedo constante hacia otros, especialmente hacia un enemigo o enemigos necesarios que les permitirán mantener distraídos a sus seguidores: miedo a la crisis, miedo al diferente, miedo a la izquierda, miedo a la derecha, miedo a  los árabes, miedo a los extranjeros, miedo a los judíos, miedo a las mujeres liberadas, miedo al que piensa y analiza, miedo a la gripe A, miedo al Ébola, miedo a Saddam Husein, miedo a Bin Laden, miedo los conquistadores de hace quinientos años, miedo a los homosexuales, miedo a la invasión comunista, miedo a disfrutar de la vida, miedo a la paz,  miedo a los negros, miedo a las pelirrojas, miedo a los masones, miedo a los extraterrestres, etc. etc. etc. Miedo a todo lo que convenientemente distraiga de tener miedo a quienes son los más peligrosos: los que promueven el miedo.

En otros tiempos parecía que esta promoción constante del miedo a un enemigo era más velada o quizás menos amplia, los del bloque oriental temían a los occidentales y viceversa, ahora se plantea con total descaro y no pasa nada, bueno sí, que la gente sigue teniendo miedo a perder el miedo porque si lo pierden, pierden el trabajo, la casa, los cuatro duros en el banco, la posición social, etc. etc. Sin darse cuenta que todo ello es un espejismo porque en realidad nunca nada ha sido suyo, sólo de quienes promueven el miedo.

Como todos los extremos se tocan, los enemigos necesarios se retroalimentan unos a otros, producen una simbiosis en la que parecen decirte “si yo soy la personificación del terror para tu sociedad, tú lo eres para la mía” por lo tanto se trata del único diálogo entre iguales. No hace falta ir muy lejos para recordar los enemigos de la historia reciente y de finales del siglo pasado.  Antes de la perestroika los enemigos más visibles para Occidente eran la Unión Soviética y China, ahora ambos países, especialmente el segundo dicta las normas del neocapitalismo y los enemigos necesarios habrán de buscarse en otros lugares.  Cae Saddam Husein y se potencia la figura de enemigo mundial en Osama Bin Laden. Cae, Bin Laden y ¿quién es el enemigo ahora? No tardaremos mucho en saberlo, varios parecen apuntarse gustosos a este rol.

Los enemigos necesarios en apariencia tienen sus días contados, sus años contados, pero hay algunos que parecen mantenerse, no por su poder económico ni militar, no por su poder de convicción a nivel mundial, sino simplemente porque son necesarios, y siempre pueden convertirse en un escenario de distracción, de aparente potencial peligro para la estabilidad mundial especialmente en períodos de graves crisis económicas. Sólo se puede entender que se mantengan en sus puestos, sin caer en la falacia de que lo hacen gracias al poder soberano del pueblo, porque conviene que estén allí y porque posiblemente tengan relaciones económicas a escondidas con sus también “enemigos necesarios”.

Forest Whitaker y James Mac Avoy en El último Rey de Escocia

África ha sido un continente muy castigado por este tipo de vaivenes políticos en la búsqueda de distracción de la explotación que se ha llevado a cabo en esta tierra, el expolio y el fomento de la desigualdad para que siempre en “río revuelto ganen los mismos pescadores”. Una de las películas que cuenta con gran claridad este drama es EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA (2006)  un filme británico dirigido por Kevin Mac Donald, basado en la novela homónima de Giles Foden cuyo guión fue adaptado por Peter Morgan y Jeremy Brock. El filme muestra cómo una sociedad agotada por la violencia y corrupción acepta el poder de facto de un  iluminado que se convierte en salvador y deviene en un mal mayor, Idi Amín, interpretado magistralmente por Forest Whitaker, trabajo con el que ganó el Oscar al mejor actor entre otros prestigiosos premios. La historia se centra en el dictador, su evolución: cómo todas sus aparentes buenas intenciones se convierten en un despotismo sin límites.

Es clave en esta historia el personaje del joven médico escocés, interpretado por James McAvoy, a través de cuyos ojos se muestra la fascinación inicial hacia este salvador y el terror al descubrir su obsesión con el poder y la creencia de ser una especie de encarnación divina. A través del médico se conoce a otros personajes que sutilmente plantean en la película la fragilidad de los gobiernos en estas zonas, pues tarde o temprano dependerán de sus socios en el exterior, los que están dispuestos a aceptar las bromas sobre su colonialismo, pues saben que tarde o temprano caerá el dictador de turno y otro vendrá y ellos siempre permanecerán para tener acceso a la riqueza del lugar. Son personajes que muestran la aplicación de la famosa  frase liberal del laissez faire, laissez passer, aunque en este caso el dejar hacer, dejar pasar, se refiera, no sólo a la política económica, sino a las políticas de represión del pueblo.

Forest Whitaker como Idi Amín en El último Rey de Escocia

Lo terrible de este tipo de amigos necesarios es cómo degeneran realmente en enemigos necesarios y como parece haber un perfil psicológico parecido entre todos ellos. Se podría resumir su evolución en los siguientes pasos que muestra la película.

–    Apenas llega al poder, para buscar el apoyo popular Idi Amín insiste en un constate  discurso que parece decir: “Soy como tú, soy del pueblo, sé de lo que hablo y por eso sé lo que nos puede salvar, después de todo soy como vuestro padre” Cuando está asentando en el poder, el “nosotros” desaparece para hablar desde un “yo” mesiánico, y quien no esté de acuerdo será eliminado, castigado como lo haría un padre castrador.

–    Pronto utiliza un lenguaje fanático, el enemigo es el colonialista que se quiere llevar la riqueza del pueblo, paradójicamente, no tarda en querer demostrar al mundo que se siente escocés, aunque sea negro y africano. No duda tampoco en convertir en asesor al joven médico, sólo porque es escocés y porque no confía en sus compatriotas, pues sabe que podrían traicionarle como él les ha traicionado. Cuando los británicos se desmarcan de su política, se alía con los árabes y los apoya ciegamente.

–    En cuanto llega al poder no tarda en decretar que los nativos de origen indo-asiático son una oligarquía de extranjeros corruptos y por tanto enemigos. Les echa del país sin contemplaciones para apropiarse de sus negocios. Al desaparecer la clase media comercial, desestabiliza la economía en su conjunto y el pueblo de Uganda se hace más pobre.

–    Promete una mayor distribución de la riqueza y comienza con una política de sanidad modélica que después se convierte en proyectos megalíticos y poco viables, hospitales dentro de los cuales también se practica la tortura a quienes no están de acuerdo con su régimen.

–    La paranoia va creciendo y cada vez más se va deshaciendo de los posibles competidores, los métodos son cruentos para hacer desaparecer a aquellos, que como él hizo para llegar al poder, podrían dar un golpe de estado.

–    El joven médico escocés, que representa a todos aquellos occidentales de clase media, que desde fuera de estas sociedades ven con ojos idealistas revoluciones populistas encabezadas por líderes iluminados; que las apoyan con argumentos contundentes incluso fanáticos, porque no las viven en sus propios suelos, descubre que no es oro todo lo que brilla y que simplemente es utilizado por una personalidad megalómana, quien lo considera sólo su “monito de feria blanco” que le permite hacer propaganda a su favor fuera de sus fronteras.

James Mac Avoy como el médico escocés fascinado con Idi Amín en El último Rey de Escocia.

El ÚLTIMO REY DE ESCOCIA refleja el complejo y a la vez simple juego de distracción para mantener a los de siempre oprimidos, y a los de siempre en el poder, la de los enemigos necesarios. Dinámica, política, social, en la que un salvador se presenta con piel de cordero para luchar contra los enemigos de la nación y se convierte en un gran enemigo, lamentablemente necesario para otros intereses, pero terriblemente innecesario para quienes lo sufren en sus carnes. Después de todo como decía Sun Tzu, “Todo el arte de la guerra está basado en el engaño” quizás también el arte de la política internacional, en donde ni todos los amigos, lo son,  ni  los enemigos son todos los que son.

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En tierra de “recostaditos”

Recostadito: dícese de aquella o aquel miembro de  un grupo cuya capacidad de supervivencia es depender de los demás, esperar a que otros se hagan cargo de sus problemas y necesidades. Un recostadito o recostadita no lo es por derecho propio, lo es de nacimiento. Gracias a la disposición paterna o materna se convierte en víctima eterna, cuyas necesidades han de ser cubiertas por hermanos y demás familiares activos, aquellos que sí  salen al mundo a buscarse la vida.

El arma del recostadito universal, es hacer sentir culpable a los otros, especialmente cuando ve que no quieren atender a sus peticiones, ya sea porque desea algo y le da pereza trabajar para buscarlo o porque  tras meterse en innumerables líos, espera que otro los resuelva. Busca que se responsabilice otro, que como diría el intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri  es “pendejo”,  ese miembro cuyo rol también le ha sido asignado al nacer y que implica no ser aprovechado y sí muy  responsable, por lo que también ha de asumir las responsabilidades de los recostaditos familiares, más adelante de sus parejas y muy probablemente de sus compañeros de trabajo y vecinos.

El recostadito en esencia no es mala persona, aunque sí puede ser muy cruel con el pendejo que se siente culpable porque las cosas le hayan ido mejor en la vida gracias a su propio esfuerzo o cuando dice “no” a la exigencia injusta de ayuda. En la mayoría de los casos, los recostaditos  no tiene conciencia del rol que les ha sido asignado en la familia y por supuesto hay grados y grados en el nivel de cuán aprovechado puede ser un recostadito.  Pocos son los capaces de romper con esta tradición y salir al mundo en libertad, a pesar de que cuando pasen a ser los miembros activos, después sean ellos  los acribillados  con las demandas de los familiares que heredan su papel.

Hay recostaditos en todas las clases sociales y países, no tienen una nacionalidad determinada, aunque son más evidentes en sociedades más pobres cultural y económicamente, puesto que en ellas, el rol se desarrolla y expresa sin complejos, sin sutilezas.  Ser recostadito es una mezcla entre aprovechado, y oportunista pasivo, cuyo drama personal es poseer una bajísima autoestima y creer que sólo con esta manera de ser puede lograr lo que desea. Un recostadito es también manipulable y víctima de todo aquel que ansíe controlar ciertos grupos, por lo que fomenta estos roles, para afianzarse en el poder.

Elio Palencia, no es un recostadito, es un dramaturgo venezolano que ha sabido reflejar la esencia de este personaje  universal, en la película Cheila, una casa pá Maita (2009), dirigida por  Eduardo Barberana  y  basada en el texto teatral de Palencia La quinta Dayana. El filme cuenta la historia del hijo pródigo, que no se ha desentendido de su familia en su forzado exilio, todo lo contrario, y que vuelve para anunciar que por fin va a hacer realidad su sueño, operarse para cambiar de sexo y ser definitivamente Cheila. La protagonista  se encuentra con que la familia comprensiva, simpática, amorosa, realmente se han estado aprovechando todo el tiempo de ella, y que  son todos los mayores recostaditos dispuestos a mantener el status quo, aunque en ello salga perdiendo la única persona que verdaderamente les ha ayudado, con hechos concretos a salir adelante, Cheila.

La película puede adolecer de algunos  problemas técnicos en la dirección y producción, así como sobran las referencias almodovarianas en algunas escenas, pero en su conjunto  sale adelante con gran dignidad  en la narrativa audiovisual y sobre todo gracias al guión, pues los personajes son enormes. El trabajo actoral es estupendo, los actores defienden con comodidad personajes de carne y hueso, llenos de dimensiones y en donde destaca la protagonista Endry Cardeño como Cheila y Violeta Alemán como Maíta. Ambas encarnan la esencia de una sociedad matriarcal, en la que las mujeres son las que sacan adelante a sus hijos, maridos, nietos, sobrinos y ahijados, pero que tienen la autoestima tan por los suelos, que se sienten nada si no hay un hombre a su lado, un “macho” que las represente, que les de valor, aunque sea a costa de sí mismas y de su descendencia.

Cheila se convierte en la hija heredera de la cabeza del matriarcado, pero sólo  se le acepta como mujer mientras perpetúe el rol de Maíta, aunque en su caso, mejorado, puesto que no busca macho para sentirse completa, es autosuficiente y provee económicamente a la familia. El conflicto llega cuando es Cheila quien necesita ayuda material y  ésta se le deniega automáticamente y se le castiga con la  la manipulación a través de la culpa. La cabeza de familia, Maíta es  su principal verdugo, se convierte en una castradora, una especie de Cronos capaz de devorar a la hija que puede terminar con su reinado en el mediocre mundo de los recostaditos.

Cheila, una casa pa Maíta es también el reflejo de una sociedad que  parece vivir trasformaciones radicales, pero que no cambia en la esencia, en la perpetuación de los recostaditos, listillos,  que siguen buscando que otros se hagan cargo de sus responsabilidades, que les provean o que, aunque les maltraten, por lo menos, los tomen en cuenta. Una sociedad, en donde las Cheilas, hombres y mujeres, que no se quejan de los problemas (aunque sean los más duros y trágicos y no hay tiempo que perder), que buscan soluciones, que actúan, que ejercen la verdadera solidaridad dando herramientas para que los otros puedan buscarse la vida, son atacados sin conmiseración, son acallados y repudiados.  Una sociedad, que es incapaz de afianzarse en su espíritu alegre, positivo, trabajador, que lo tiene, para afianzarse en la dependencia de otro, y esto es un gran peligro porque siempre se le estará dando todo el poder propio, toda la riqueza intrínseca,  a quien le diga (amante, político, jefe…) “eres alguien” una noche de pasión, de pasajera luna llena.

Cheila, una casa pa Maita,  es muy rica en temas, texto y subtexto, muy universal y muy loable en la producción, considerando que es de un país que no tiene industria cinematográfica, por eso  me ha sorprendido, que cuando he hablado con gente de Venezuela sobre la misma, no lo conociesen, a pesar de que obtuvo algunos galardones en el Festival de Cine de Mérida. Me chocó más que, aunque no coinciden en fecha de producción,  haya podido ver en Madrid una proyección de Reverón (2011), de Diego Rísquez con la promoción de “una gran producción venezolana”, a la que la mayor parte del público, casi todo venezolano, estaba absolutamente entregado, antes incluso de ver la  película. Reverón, a mi parecer no es  una  gran película  puesto que a nivel argumental presenta sólo una consecución de anécdotas de la vida del pintor venezolano, muchas de ellas demasiado localistas como para ser comprendidas por un público internacional. Por otro lado  los personajes son planos, a pesar de estar inspirados en seres reales fascinantes. Destaca eso sí, el trabajo actoral, de Luigi Sciamanna  como Reverón y Sheila Monterola como Juanita, actores que defienden con uñas y dientes  sus personajes a pesar de no contar con asideros argumentales consistentes.

Sí, las comparaciones son odiosas, pero en la misma semana vi Cheila, una casa pá Maíta, esta última en un dvd que me hicieron llegar, porque no se proyectaba en ninguna sala madrileña, y no pude evitar preguntarme, por qué promocionan la película de Rísquez como la más venezolana cuando la realidad de Venezuela tiene que ver más con Cheila, una casa pá Maíta ¿Por que no tiene una fotografía preciosista?  ¿Por querer mirar a otro lado cuando los verdaderos problemas están a la vista y no en el pasado? ¿Por vergüenza de las claridades y oscuridades de una sociedad? ¿Será que en el fondo todos somos unos recostaditos y eso es difícil de asumir?  Sean cuales sean las respuestas, me sigo quedando con Cheila, que me recuerda otra gran película, con menos humor pero que toca el mismo tema, de manera más simbólica pero no menos realista, La ciénaga (2001) de la argentina Lucrecia Martel.

En fin, que en todas las sociedades donde existen los recostaditos, por suerte también están las Cheilas. A estas últimas quiero tenerlas cerca, no para aprovecharme,  si no para crecer y convertirme en mejor persona. Las Cheilas, son las verdaderas artistas de la vida, artífices del avance,  sin ir de especiales, que la hacen mejor para sí mismas y para todos aquellos que realmente eligen referentes positivos a seguir.

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Cuando los raros son los mejores

Muchas personas han tenido infancias complicadas, duras, difíciles, especialmente cuando han sido, por la razón que fuese, los raritos de su familia, de su escuela, de su barrio.  Diferentes porque o bien eran tímidos, o porque veían el mundo de una manera que nada tenía que ver con quienes les rodeaban. Podrían haberlos tildado de raros por ser sensibles al arte y la creación en una familia árida de esta sensibilidad, o por soñar despiertos, inventarse juegos, sonreír en un entorno repleto de amargura. Quizás fueron raros porque dejaron aparcada su infancia para ser adultos antes de tiempo o porque cambiaron de ciudad o país,  en definitiva peces fuera del agua, cisnes hechos sentir patitos feos.

Algunos de estos raritos, considerados extraterrestres por su diferencia, en la adultez han decidido quedarse en la dureza del pasado y utilizarla como excusa para juntarse con personas dañinas y tóxicas con las que repetir el patrón de rechazo. Puede que incluso vuelquen sobre otros la violencia que sufrieron convirtiéndose ellos en los verdugos. Puede también que los que van de raritos ya de mayores, sólo se hayan puesto un disfraz estrafalario para llamar la atención como pose superficial y nada tengan que ver con los verdaderos raros.
Es muy posible que algunos de esos raritos adultos sigan siendo diferentes al común de los mortales con toda naturalidad, sin intención de que se centre sobre ellos las miradas, porque sin proponérselo de raros se convierten en especiales cuando han sido capaces de convertir la oscuridad en luz, cuando han aprovechado una mísera chispa y con ella logran iluminar la caverna más oscura y lúgubre para convertirla en un lugar acogedor. Sin duda esos raritos son los mejores.

Stella (2008) a sus once años, es una niña rara y lo es porque es la nueva de la clase en un colegio, que además es de un nivel socio económico superior al del que proviene. Sobre todas las cosas, es una niña con una enorme sensibilidad, sin saber cómo canalizarla, una niña criada sin amigos de su edad, asistiendo a vivencias que no le corresponden y que sólo deberían tener que ver con adultos. Stella es también la criatura inteligente que es capaz de superar el dolor de su corto pasado y reconvertirlo en creación, de optar por el camino en positivo, a pesar de la mochila con enorme lastre que han cargado sobre sus pequeñas espaldas sin consultárselo.
Stella  es una de esas películas con las que comulgas de inmediato, de principio a fin y en la que empatizas con su creadora sin dudarlo un instante. Es de los filmes que te hacen comprender que hay ciertas historias que sólo deben ser dirigidas por quienes la escriben o por aquellos que abandonan su ego y se ponen totalmente en la piel del  autor. Es un filme escrito y dirigido desde las vísceras, a corazón abierto y desde la absoluta desnudez de la creadora. El trabajo de guión y dirección de Sylvie Verheyde es magnífico, así como también el casting, la dirección de actores y la banda sonora. Destaca el trabajo de la protagonista, la niña Léora Barbara que habla con los ojos, con su cuerpo y que a pesar de su corta edad parece comprender desde su profundidad interior todo lo que cuenta el argumento.

Stella no sólo es la historia de los niños especiales, que son raros para el resto del mundo, lo es también de la amistad en donde simplemente se quiere a quien te topas en el camino, aunque sea diferente a ti. Amigos que no te juzgan y te ayudan en el momento en que lo necesitas. Para Stella se ilumina su vida cuando decide hablar con la única chica del curso que la saluda con amabilidad, Gladys (Melissa Rodrigues) quien le muestra que hay otro mundo y que además no tiene reparos en entrar en el de Stella. También está la amistad de la protagonista con su amiga del pueblo, una niña en peores circunstancias vitales que ella, la rara del pueblo, con quien se siente libre y con quien ríe y juega siendo siempre ellas mismas a pesar del resto del mundo.
De alguna manera Sylvie Verheyde parece homenajear a François Truffaut y su película Los cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups, 1959) con la diferencia de que en esta historia, los padres de Stella dan a su hija el amor de la única manera que saben y pueden dárselo, el cual no es poco ni menos profundo a pesar de los errores que cometen y el entorno difícil del que ellos también provienen y se desenvuelven.
Un filme cuya protagonista recuerda otra gran película: Precious (2009), dirigida por Lee Daniels, escrita por Geoffrey Fletcher basada en la novela Push de Sapphire (Ramona Lofton) en la que la protagonista es una joven obesa y con apariencia de retraso mental, por lo tanto percibida como la rarita por el resto del mundo. La historia de una chica diferente, con un profundo mundo interior machacado por un entorno familiar y social terrible, del que es capaz de salir gracias a que alguien ve en ella mucho más que su apariencia y la motiva a erguirse y seguir adelante con entereza y alegría, sí alegría, a pesar de tener todo en su contra.
Tanto Precious como Stella se salvan porque tienen la suerte de hallar personas que creen en ellas, por lo tanto también te reconcilian con esos profesores de verdadera vocación que son capaces de apreciar el talento real de alumnas destinadas a terminar en el lumpen y la total desesperanza. En la película estadounidense tiene más peso en la trama la profesora que nos reconcilia con el mundo de la educación y en la francesa juega más este rol la amiguita Gladys, pero también el colegio y sobre todo, de manera más sutil, ese profesor estricto con una Stella distraída, agresiva que después de esforzarse descubre su mayor talento, contar historias y entonces éste no duda en apoyarla para que le den otra oportunidad.
Una y otra chica, en continentes, contextos y épocas diferentes no han tenido la infancia protegida que deberían haber vivido, pues esta ha sido vulnerada, sin embargo, cuando la luz llega a sus vidas de mano de alguien que con respeto y dulzura les muestra que tienen derecho a ser parte de un mundo mejor, ellas son valientes, cruzan el incierto umbral y a pesar de si mismas, de sus rarezas, optan por seguir ese camino con ilusión. Raritas como Precious y  Stella, esas, son las mejores.

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