Cuando los raros son los mejores


Muchas personas han tenido infancias complicadas, duras, difíciles, especialmente cuando han sido, por la razón que fuese, los raritos de su familia, de su escuela, de su barrio.  Diferentes porque o bien eran tímidos, o porque veían el mundo de una manera que nada tenía que ver con quienes les rodeaban. Podrían haberlos tildado de raros por ser sensibles al arte y la creación en una familia árida de esta sensibilidad, o por soñar despiertos, inventarse juegos, sonreír en un entorno repleto de amargura. Quizás fueron raros porque dejaron aparcada su infancia para ser adultos antes de tiempo o porque cambiaron de ciudad o país,  en definitiva peces fuera del agua, cisnes hechos sentir patitos feos.

Algunos de estos raritos, considerados extraterrestres por su diferencia, en la adultez han decidido quedarse en la dureza del pasado y utilizarla como excusa para juntarse con personas dañinas y tóxicas con las que repetir el patrón de rechazo. Puede que incluso vuelquen sobre otros la violencia que sufrieron convirtiéndose ellos en los verdugos. Puede también que los que van de raritos ya de mayores, sólo se hayan puesto un disfraz estrafalario para llamar la atención como pose superficial y nada tengan que ver con los verdaderos raros.
Es muy posible que algunos de esos raritos adultos sigan siendo diferentes al común de los mortales con toda naturalidad, sin intención de que se centre sobre ellos las miradas, porque sin proponérselo de raros se convierten en especiales cuando han sido capaces de convertir la oscuridad en luz, cuando han aprovechado una mísera chispa y con ella logran iluminar la caverna más oscura y lúgubre para convertirla en un lugar acogedor. Sin duda esos raritos son los mejores.

Stella (2008) a sus once años, es una niña rara y lo es porque es la nueva de la clase en un colegio, que además es de un nivel socio económico superior al del que proviene. Sobre todas las cosas, es una niña con una enorme sensibilidad, sin saber cómo canalizarla, una niña criada sin amigos de su edad, asistiendo a vivencias que no le corresponden y que sólo deberían tener que ver con adultos. Stella es también la criatura inteligente que es capaz de superar el dolor de su corto pasado y reconvertirlo en creación, de optar por el camino en positivo, a pesar de la mochila con enorme lastre que han cargado sobre sus pequeñas espaldas sin consultárselo.
Stella  es una de esas películas con las que comulgas de inmediato, de principio a fin y en la que empatizas con su creadora sin dudarlo un instante. Es de los filmes que te hacen comprender que hay ciertas historias que sólo deben ser dirigidas por quienes la escriben o por aquellos que abandonan su ego y se ponen totalmente en la piel del  autor. Es un filme escrito y dirigido desde las vísceras, a corazón abierto y desde la absoluta desnudez de la creadora. El trabajo de guión y dirección de Sylvie Verheyde es magnífico, así como también el casting, la dirección de actores y la banda sonora. Destaca el trabajo de la protagonista, la niña Léora Barbara que habla con los ojos, con su cuerpo y que a pesar de su corta edad parece comprender desde su profundidad interior todo lo que cuenta el argumento.

Stella no sólo es la historia de los niños especiales, que son raros para el resto del mundo, lo es también de la amistad en donde simplemente se quiere a quien te topas en el camino, aunque sea diferente a ti. Amigos que no te juzgan y te ayudan en el momento en que lo necesitas. Para Stella se ilumina su vida cuando decide hablar con la única chica del curso que la saluda con amabilidad, Gladys (Melissa Rodrigues) quien le muestra que hay otro mundo y que además no tiene reparos en entrar en el de Stella. También está la amistad de la protagonista con su amiga del pueblo, una niña en peores circunstancias vitales que ella, la rara del pueblo, con quien se siente libre y con quien ríe y juega siendo siempre ellas mismas a pesar del resto del mundo.
De alguna manera Sylvie Verheyde parece homenajear a François Truffaut y su película Los cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups, 1959) con la diferencia de que en esta historia, los padres de Stella dan a su hija el amor de la única manera que saben y pueden dárselo, el cual no es poco ni menos profundo a pesar de los errores que cometen y el entorno difícil del que ellos también provienen y se desenvuelven.
Un filme cuya protagonista recuerda otra gran película: Precious (2009), dirigida por Lee Daniels, escrita por Geoffrey Fletcher basada en la novela Push de Sapphire (Ramona Lofton) en la que la protagonista es una joven obesa y con apariencia de retraso mental, por lo tanto percibida como la rarita por el resto del mundo. La historia de una chica diferente, con un profundo mundo interior machacado por un entorno familiar y social terrible, del que es capaz de salir gracias a que alguien ve en ella mucho más que su apariencia y la motiva a erguirse y seguir adelante con entereza y alegría, sí alegría, a pesar de tener todo en su contra.
Tanto Precious como Stella se salvan porque tienen la suerte de hallar personas que creen en ellas, por lo tanto también te reconcilian con esos profesores de verdadera vocación que son capaces de apreciar el talento real de alumnas destinadas a terminar en el lumpen y la total desesperanza. En la película estadounidense tiene más peso en la trama la profesora que nos reconcilia con el mundo de la educación y en la francesa juega más este rol la amiguita Gladys, pero también el colegio y sobre todo, de manera más sutil, ese profesor estricto con una Stella distraída, agresiva que después de esforzarse descubre su mayor talento, contar historias y entonces éste no duda en apoyarla para que le den otra oportunidad.
Una y otra chica, en continentes, contextos y épocas diferentes no han tenido la infancia protegida que deberían haber vivido, pues esta ha sido vulnerada, sin embargo, cuando la luz llega a sus vidas de mano de alguien que con respeto y dulzura les muestra que tienen derecho a ser parte de un mundo mejor, ellas son valientes, cruzan el incierto umbral y a pesar de si mismas, de sus rarezas, optan por seguir ese camino con ilusión. Raritas como Precious y  Stella, esas, son las mejores.

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4 respuestas a Cuando los raros son los mejores

  1. María dijo:

    ¿Por qué una película como ésta tiene tan poco margen de exhibición? sólo en Verdi!
    Excelente post, como es habitual en este blog.

  2. Victoria Tamara dijo:

    Definitivamente!… Cada Post más hermoso que el otro!… Este particularmente toco fibras sensibles!… Como una niña rarita te doy las gracias por tan bellas palabras!.

  3. JI dijo:

    Raritos los que leemos esto..jejejeje
    En efecto nos has hecho contactar con esos personajes y quizás intentando ser de esa tercera categoría, ¿verdad? ¡Gracias!

  4. Isabel dijo:

    Gran articulo!

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