¿El enemigo necesario?


Forest Whitaker como Idi Amín en El último Rey de Escocia

La mayoría de las religiones y filosofías exaltan la amistad y el amor como una necesidad para la humanidad en su búsqueda de la felicidad, pero en la práctica, parece que se manejan otros valores, los maquiavélicos que dan la razón a Julio César, “divide y vencerás”, es decir, mientras tus enemigos se distraigan batallando los unos con los otros, saldrás triunfador, pero  ¿de qué?

¿Quién no ha participado consciente e inconscientemente de esta absurda filosofía de vida en las propias familias o en el colegio? Si no eras de los raritos que preferían ir a su aire, posiblemente pertenecías a un grupo y dentro de este grupo, alguno, para mantener su liderazgo, de vez en cuando centraba su ataque en uno de los miembros, un potencial competidor, uno más débil u otro que pusiese en evidencia su incapacidad de liderazgo. Mientras todos desviaban su atención al “enemigo” del momento el líder se liberaba de ser acusado de algo, tapaba de esta manera su error y mantenía su poder, era el hermano guay, el primo listo, la popular del instituto y hasta la madre o el padre ejemplar, pues en este juego todos son capaces de participar.

Parecen cosas infantiles, pero en algunos trabajos, la idea de trabajar en equipo se traduce en la elección de uno de los compañeros para machacarle constantemente, centrar toda la atención negativa en él, sea o no grave el error que haya cometido, si es que realmente ha cometido alguno. Es más preocupante aún  cuando esta actitud la fomentan determinados jefes para distraer la atención sobre su escaza capacidad.

Recuerdo en un trabajo que había una compañera sumamente conflictiva, que desestabilizaba al grupo con sus constantes quejas, gritos y mal rollo, lo que más me llamaba la atención es que parecía inamovible, de hecho lo es, porque pasan jefes por ese despacho y ella continúa en el mismo puesto. El problema no es ella, creo yo, es el sistema que paradójicamente la premia, ¿por qué? porque es necesaria, mientras ella ataca al resto del grupo, el resto del grupo vuelca, a sus espaladas, toda la rabia sobre ella y entre tanto no se dan cuenta de los errores cometidos por los superiores ni de las verdaderas injusticias de las que son víctimas. Lo más lamentable es que cuando la chica se calmaba, o estaba de vacaciones, todos parecían echar de menos un blanco tan fácil y no tardaban en volcar ellos mismos su frustración sobre otro compañero, bajo la justificación más nimia. En el fondo creo que todos estaban dispuestos a ser algún día la víctima temporal porque pronto podrían ser victimarios, sabían que manteniendo estas reglas del juego se mantendrían en el grupo, por lo tanto en  el trabajo. El problema se traslada entonces a quienes desean mantener un espacio de libertad individual, esos son los más peligrosos para el sistema, porque  sin darse cuenta enfrentan al resto del grupo a su propia esclavitud a un sistema  perverso de relaciones, a su, como diría Fromm propio miedo a la libertad.

El miedo a sentirse fuera del grupo, a ser independiente de pensamiento y acción, respetando por supuesto los límites del otro a través del diálogo, supone un esfuerzo, y a veces las sociedades prefieren que otros se hagan cargo, otros decidan por ellos, otros sean padres o madres castradores, otros decidan quienes son amigos o enemigos.

En la televisión determinados realitys  o talk shows viven de este tipo de interrelaciones, programas en donde se van rotando los enemigos necesarios, el blanco a atacar, incluso protagonizando el conflicto los propios comentaristas y colaboradores. Esta confrontación se sigue gustosamente por una audiencia que de alguna manera ve reflejada su realidad, es decir, su manera de interrelacionarse en familia, en trabajos, en sociedad.

En la ficción, el género de desastres es el que mejor refleja este tipo de interrelaciones humanas, en donde un grupo de personas se ven abocadas a convivir y a sobrevivir juntos tras una catástrofe. Lo primero que se plantea es quién será el líder y por supuesto el héroe verdadero no lo quiere ser aunque a su pesar se lo demanden. El antagonista se considera líder por gracia divina y dividirá al grupo, por lo que lo pondrá en peligro, aún así tendrá seguidores que no dudarán de su liderazgo porque sus actos son más visibles, sonoros y hasta violentos.

Película El señor de las moscas

En las series o películas suele triunfar el héroe que busca el diálogo, que dirige con firmeza manteniendo el respeto hacia los otros, el que motiva exaltando las virtudes más que los defectos, el que escucha, el que es justo y el que no se considera superior a los demás, mucho menos la representación de Dios en la tierra por haber sido elegido líder. Este final en la ficción cada vez más es, valga la redundancia pura ficción, un  forzado final feliz de los cuentos de hadas porque en la vida real, los liderazgos se los llevan los otros, los que dividen, los que fomentan el miedo constante hacia otros, especialmente hacia un enemigo o enemigos necesarios que les permitirán mantener distraídos a sus seguidores: miedo a la crisis, miedo al diferente, miedo a la izquierda, miedo a la derecha, miedo a  los árabes, miedo a los extranjeros, miedo a los judíos, miedo a las mujeres liberadas, miedo al que piensa y analiza, miedo a la gripe A, miedo al Ébola, miedo a Saddam Husein, miedo a Bin Laden, miedo los conquistadores de hace quinientos años, miedo a los homosexuales, miedo a la invasión comunista, miedo a disfrutar de la vida, miedo a la paz,  miedo a los negros, miedo a las pelirrojas, miedo a los masones, miedo a los extraterrestres, etc. etc. etc. Miedo a todo lo que convenientemente distraiga de tener miedo a quienes son los más peligrosos: los que promueven el miedo.

En otros tiempos parecía que esta promoción constante del miedo a un enemigo era más velada o quizás menos amplia, los del bloque oriental temían a los occidentales y viceversa, ahora se plantea con total descaro y no pasa nada, bueno sí, que la gente sigue teniendo miedo a perder el miedo porque si lo pierden, pierden el trabajo, la casa, los cuatro duros en el banco, la posición social, etc. etc. Sin darse cuenta que todo ello es un espejismo porque en realidad nunca nada ha sido suyo, sólo de quienes promueven el miedo.

Como todos los extremos se tocan, los enemigos necesarios se retroalimentan unos a otros, producen una simbiosis en la que parecen decirte “si yo soy la personificación del terror para tu sociedad, tú lo eres para la mía” por lo tanto se trata del único diálogo entre iguales. No hace falta ir muy lejos para recordar los enemigos de la historia reciente y de finales del siglo pasado.  Antes de la perestroika los enemigos más visibles para Occidente eran la Unión Soviética y China, ahora ambos países, especialmente el segundo dicta las normas del neocapitalismo y los enemigos necesarios habrán de buscarse en otros lugares.  Cae Saddam Husein y se potencia la figura de enemigo mundial en Osama Bin Laden. Cae, Bin Laden y ¿quién es el enemigo ahora? No tardaremos mucho en saberlo, varios parecen apuntarse gustosos a este rol.

Los enemigos necesarios en apariencia tienen sus días contados, sus años contados, pero hay algunos que parecen mantenerse, no por su poder económico ni militar, no por su poder de convicción a nivel mundial, sino simplemente porque son necesarios, y siempre pueden convertirse en un escenario de distracción, de aparente potencial peligro para la estabilidad mundial especialmente en períodos de graves crisis económicas. Sólo se puede entender que se mantengan en sus puestos, sin caer en la falacia de que lo hacen gracias al poder soberano del pueblo, porque conviene que estén allí y porque posiblemente tengan relaciones económicas a escondidas con sus también “enemigos necesarios”.

Forest Whitaker y James Mac Avoy en El último Rey de Escocia

África ha sido un continente muy castigado por este tipo de vaivenes políticos en la búsqueda de distracción de la explotación que se ha llevado a cabo en esta tierra, el expolio y el fomento de la desigualdad para que siempre en “río revuelto ganen los mismos pescadores”. Una de las películas que cuenta con gran claridad este drama es EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA (2006)  un filme británico dirigido por Kevin Mac Donald, basado en la novela homónima de Giles Foden cuyo guión fue adaptado por Peter Morgan y Jeremy Brock. El filme muestra cómo una sociedad agotada por la violencia y corrupción acepta el poder de facto de un  iluminado que se convierte en salvador y deviene en un mal mayor, Idi Amín, interpretado magistralmente por Forest Whitaker, trabajo con el que ganó el Oscar al mejor actor entre otros prestigiosos premios. La historia se centra en el dictador, su evolución: cómo todas sus aparentes buenas intenciones se convierten en un despotismo sin límites.

Es clave en esta historia el personaje del joven médico escocés, interpretado por James McAvoy, a través de cuyos ojos se muestra la fascinación inicial hacia este salvador y el terror al descubrir su obsesión con el poder y la creencia de ser una especie de encarnación divina. A través del médico se conoce a otros personajes que sutilmente plantean en la película la fragilidad de los gobiernos en estas zonas, pues tarde o temprano dependerán de sus socios en el exterior, los que están dispuestos a aceptar las bromas sobre su colonialismo, pues saben que tarde o temprano caerá el dictador de turno y otro vendrá y ellos siempre permanecerán para tener acceso a la riqueza del lugar. Son personajes que muestran la aplicación de la famosa  frase liberal del laissez faire, laissez passer, aunque en este caso el dejar hacer, dejar pasar, se refiera, no sólo a la política económica, sino a las políticas de represión del pueblo.

Forest Whitaker como Idi Amín en El último Rey de Escocia

Lo terrible de este tipo de amigos necesarios es cómo degeneran realmente en enemigos necesarios y como parece haber un perfil psicológico parecido entre todos ellos. Se podría resumir su evolución en los siguientes pasos que muestra la película.

–    Apenas llega al poder, para buscar el apoyo popular Idi Amín insiste en un constate  discurso que parece decir: “Soy como tú, soy del pueblo, sé de lo que hablo y por eso sé lo que nos puede salvar, después de todo soy como vuestro padre” Cuando está asentando en el poder, el “nosotros” desaparece para hablar desde un “yo” mesiánico, y quien no esté de acuerdo será eliminado, castigado como lo haría un padre castrador.

–    Pronto utiliza un lenguaje fanático, el enemigo es el colonialista que se quiere llevar la riqueza del pueblo, paradójicamente, no tarda en querer demostrar al mundo que se siente escocés, aunque sea negro y africano. No duda tampoco en convertir en asesor al joven médico, sólo porque es escocés y porque no confía en sus compatriotas, pues sabe que podrían traicionarle como él les ha traicionado. Cuando los británicos se desmarcan de su política, se alía con los árabes y los apoya ciegamente.

–    En cuanto llega al poder no tarda en decretar que los nativos de origen indo-asiático son una oligarquía de extranjeros corruptos y por tanto enemigos. Les echa del país sin contemplaciones para apropiarse de sus negocios. Al desaparecer la clase media comercial, desestabiliza la economía en su conjunto y el pueblo de Uganda se hace más pobre.

–    Promete una mayor distribución de la riqueza y comienza con una política de sanidad modélica que después se convierte en proyectos megalíticos y poco viables, hospitales dentro de los cuales también se practica la tortura a quienes no están de acuerdo con su régimen.

–    La paranoia va creciendo y cada vez más se va deshaciendo de los posibles competidores, los métodos son cruentos para hacer desaparecer a aquellos, que como él hizo para llegar al poder, podrían dar un golpe de estado.

–    El joven médico escocés, que representa a todos aquellos occidentales de clase media, que desde fuera de estas sociedades ven con ojos idealistas revoluciones populistas encabezadas por líderes iluminados; que las apoyan con argumentos contundentes incluso fanáticos, porque no las viven en sus propios suelos, descubre que no es oro todo lo que brilla y que simplemente es utilizado por una personalidad megalómana, quien lo considera sólo su “monito de feria blanco” que le permite hacer propaganda a su favor fuera de sus fronteras.

James Mac Avoy como el médico escocés fascinado con Idi Amín en El último Rey de Escocia.

El ÚLTIMO REY DE ESCOCIA refleja el complejo y a la vez simple juego de distracción para mantener a los de siempre oprimidos, y a los de siempre en el poder, la de los enemigos necesarios. Dinámica, política, social, en la que un salvador se presenta con piel de cordero para luchar contra los enemigos de la nación y se convierte en un gran enemigo, lamentablemente necesario para otros intereses, pero terriblemente innecesario para quienes lo sufren en sus carnes. Después de todo como decía Sun Tzu, “Todo el arte de la guerra está basado en el engaño” quizás también el arte de la política internacional, en donde ni todos los amigos, lo son,  ni  los enemigos son todos los que son.

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Una respuesta a ¿El enemigo necesario?

  1. María dijo:

    No he visto la peli pero este post me ha generado una necesidad morbosa de verlo. En todo caso, el juego de poder siempre es perverso y la perversidad genera miedo. En la mayoría de las circunstancias el sometimiento es inevitable pero hay muchos casos en los que se acepta el rol de sometimiento por distintos motivos, uno de ellos es porque huir de la manipulación y el sometimiento puede implicar cambios de estilo de vida y enfrentar la inseguridad de estar en tierra de nadie. En eso radica la base de alienación de los pueblos y las conciencias.

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