De la vida y la muerte al desapego. Naomi Kawase


Aguas tranquilas (Futatsume no mado) Naomi Kawase

Pensar en la finitud, la mortalidad, el fin, nos aterra como si esa realidad no fuese parte ya de nuestra propia existencia. La verdad es que  tan sólo nos separan unas cuantas pasadas de la aspiradora a la alfombra de nuestra última morada, para que ya no queden ni esas diminutas partículas de nuestro cuerpo hecho literalmente polvo cada día, pero nos resistimos a deshacernos sin admitir que mientras estamos empezamos a dejar de estar.

Vivimos apegados a la idea de que todo es eterno, de que la naturaleza y sus recursos nunca nos faltarán, de que las parejas duran hasta el día en que  los párpados pesados por la laxitud de la piel cierren nuestros ojos y que sea a ella a quien veamos por última vez. Nos empeñamos en preocuparnos en dejar pistas para que alguien sepa dónde quedan nuestras últimas creaciones para que no se pierdan, para que no terminen en un contenedor de reciclaje y se puedan leer tras nuestra desaparición y  así trascender y ser recordados e incluso reconocidos en la posteridad. Apegos a futuribles que sirven de consuelo para apagar la angustia que genera saber que lo más seguro es que pasemos al olvido tan rápido como un tweet  baja a las últimas líneas en el muro de una conversación con miles de seguidores.

La vida es un gran ciclo con principio y final y en su seno cientos de etapas con más períodos con sus propios arranques y términos. Salud, amor, trabajo, dinero, lugar de vivienda, amistades, gobernantes, etc. etc. Unos y otros se suceden, algunos van y vienen con gran estruendo, otros llegan y se van en silencio, sutilmente como una suave caricia que deja profundas huellas, otros se borran para siempre.  Una vida como la letra de la canción de  Milton Nascimento:

Y así llegar y partir
Son sólo dos lados de un mismo viaje
El tren que llega
Es el mismo tren de la ida

La hora del encuentro es también despedida
La plataforma de esta estación
Es la vida de este mi lugar
Es la vida
De este mi lugar, es la vida.

En el mejor de los casos, lo máximo a lo que podemos aspirar es a que dentro de nuestro gran ciclo vital, lo malo se transforme en bueno y lo que es bueno no se extinga para siempre sino que se transforme en algo mejor. Por último si toca ya morir que sea con suavidad, en paz, sin gran sufrimiento y a ser posible, bailando entre risas, como la tía Marcolina.

A lo mejor el paso por este mundo sea más gris y menos cíclico y llamativo como cuenta en sus  reflexiones Valeria Luiselli en su libro Papeles Falsos: “Pero quizás sea cierto que una persona sólo tiene dos residencias permanentes: la casa de la infancia y la tumba. Todos los demás espacios que habitamos son mera continuidad grisácea de esa primera morada, una sucesión indistinta de muros que finalmente se resuelven en la cripta o en la urna-expresión más ínfima de las infinitas divisiones de un espacio en donde puede caber un cuerpo humano.”

Puede que  Valeria hable con campechanía, sin morbo, con aceptación de la muerte porque es mexicana y de ancestros le viene transitar temas y lugares como los cementerios, con la naturalidad aprendida antes de nacer, cuando no hay barreras entre un mundo y otro, entre un estado y el siguiente, o entre un ciclo y un final, puede ser…

Cuando son recientes las pérdidas de cualquier tipo y el dolor todavía sigue campante en nuestro jardín, no es fácil ver una película sobre el fin de una etapa o del ciclo vital, aunque estén tratadas con naturalidad, incluso hasta humor. Sin embargo ver una película de Naomi Kawase es entrar sin tapujos y a la vez con sutileza en algo más profundo que la recreación de la muerte, el duelo o  la aceptación  del fin y la llegada del desapego; es entrar en la casi magia hipnótica marcada por el ritmo de la naturaleza, penetrar en  lo que por destino ha de moverse, cambiar, desaparecer, mutar.

Moe no Suzaku. Naomi Kawase

Resulta extraño ver una película japonesa contada desde la sutileza y visión casi documental de una mujer. Sin pretender que sea esta forma de narrar sólo inherente al género femenino, quizás la falta de violencia explícita, la no cosificación de los personajes femeninos, aunque algunos sean tradicionales, se pueda atribuir a que Naomi es una directora atípica, empezando porque no son muchas las mujeres que dirigen en Japón y menos que se conozcan fuera. Su trabajo se construye sobre los mimbres de la realidad que la rodea y las profundas huellas de su infancia por el abandono de sus padres y luego la desaparición física de su madre adoptiva, pero no resultan una queja para culpabilizar al mundo por sus traumas, todo lo contrario, pareciera en todas sentirse apoyada por la fuerza de la naturaleza que la empuja a la transformación zarandeándola a veces, arrullándola otras y conteniéndola la mayoría. Una naturaleza que la hace crecer  y que la salva cuando por fin  acepta su mandato.

Casi como si de una visión holística del universo se tratase, la naturaleza que cuenta Naomí Kawase en sus filmes es el gran personaje en donde se mueven los demás como parte de un todo integrado que retrata con especial belleza, a veces con dilatados planos y acciones fuera de plano, quizás como homenaje silencioso al cineasta Andréi  Tarkovski.

Naomi construye personajes femeninos sencillos, fluidos, ligeros que se mueven al ritmo del viento, de las olas, de la siembra de la tierra.  A través de un tempo narrativo lento, se crea un estado casi hipnótico que permite percibir la  integración de los elementos en este espacio arrebatador en donde se desarrollan sus historias, como en Aguas tranquilas (Futatsume no mado. 2014)  dónde  los árboles, los bosques, los manglares, el mar, las mujeres, los hombres, los jóvenes, los adultos, los viejos, acompañan a la joven protagonista a avanzar a pesar de los miedos del joven a quien ama, del fallecimiento inminente de su madre, de los temporales que pueden destruir la isla del Pacífico en la que vive y de su deseo no correspondido de vivir con plenitud el despertar sexual.

Shara (2003) Sharasojyu

Sharasojyu. Naomi Kawase

Una historia en donde se notan los orígenes en el documental de su creadora por cómo retrata a los lugareños y los espacios en donde viven, una manera de reflejar la realidad social que se integra con una poesía en la narrativa audiovisual que a veces hace parecer que el tiempo se detiene y el espectador pasa a formar parte de las ramas y hojas de los árboles que se mecen al viento, de los fondos marinos o de la espuma blanca de las olas del mar bravío, y entre medias los habitantes de esos lugares alejados de las grandes metrópolis que intentan sobrevivir en armonía con la naturaleza, el progreso o la falta de éste. Cuando la historia se desarrolla en una ciudad, como Sharasojyu (2003) Kawase encuentra la manera de poner en contacto a los personajes con la naturaleza, como cuando los lleva al pequeño jardín con árboles, flores y un huerto en medio de la maraña de calles de la ciudad de Nara o cuando la lluvia baña a los participantes del  festival de Basara.

No es fácil ver una película sobre la muerte, pero las de Naomi Kawase no hablan sólo de ello, exponen el inicio y  final de los ciclos, el tránsito de los personajes de uno a otro, los duelos y la necesidad de los seres de atravesar  el dolor, la tristeza y finalmente la aceptación para no quedarse estancados en el tiempo y el espacio, la vida sigue.

En El bosque del luto (Mogari no mori 2007) La historia se construye sobre una joven que trabaja en un geriátrico y congenia con un anciano  alocado y rebelde con quien se pierde en el bosque y ambos se ven presos de los peligros del mismo durante una noche de tormenta. El agua, las riadas, el frío y la soledad del paraje permite el desahogo de ambos, el expresar la emoción contenida por el  profundo dolor por la pérdida de seres queridos, ayuda reconocerse como seres vulnerables  que transitan a su manera el duelo y se acompañan sin habérselo propuesto en él.

El Bosque del luto. Naomi Kawase

En casi todas las películas de Naomi coexisten personajes jóvenes, adultos y ancianos como espejos unos de otros, quienes pasan de una etapa de sus vidas a otras con rabia, es el caso  del joven protagonista de Aguas tranquilas que no acepta que su padre le haya abandonado y culpa a su madre y teme a la vida, al mar, al sexo y al amor hasta cuando la tormenta, literal y simbólica, le hace caer en cuenta sobre la fragilidad de la existencia y la posibilidad de perder a la madre, entonces es cuando acepta entregarse a la vida en todas sus vertientes. Otro ejemplo es el de la adolescente de Moe no Suzaku (1997) que desde pequeña ama al primo que vive con ella y su familia en las montañas Nishiyoshino porque la madre de éste le abandonó y dejó con la abuela. En este idílico, más no fácil  lugar, ambos jóvenes son observadores de la llegada de la crisis económica, del intento de sobrevivir gracias a la tierra y posteriormente de la desaparición del cabeza de familia, padre de la joven que obliga a replantearse a los que quedan atrás la vida en el lugar: en el caso de la abuela  irse a un geriátrico como ya lo han hecho sus vecinos, en el de la chica y su madre marcharse al pueblo de sus otros abuelos, en el del primo irse a un lugar más cercano al trabajo,  y en definitiva dejar todos la montaña y cerrar una etapa de la vida.

En esta película, como en casi todas, Kawase presenta la muerte con suma sutileza y también desde la mirada de la documentalista. Las escenas parecen sucederse como en la realidad, sin aparente planificación, en dónde la cámara se coloca para registrar el momento intentando no afectar la espontaneidad de los hechos.  En estas escenas la música entra como parte de la tradición y suele ser interpretada por los autóctonos, alguien canta o pone un disco, alguien observa un árbol alejado de aquellos que suelen estar en conjunto y forman bosques en los primeros planos de sus películas.

En  Sharasojyu la vida se muestra claramente como un movimiento circular. La desaparición del hermano gemelo del protagonista siendo niños, le marca profundamente y esa pérdida no le permite expresarse, disfrutar de la vida, ni despertar al amor. Sólo con el paso de los años, la aceptación de la muerte, el encontrar una forma de desahogo a su dolor en la pintura, se abre al mundo y de esta forma también a ser partícipe del nacimiento de un nuevo hermano. En la escena del alumbramiento se muestra la comunión de los miembros con la naturaleza, a pesar de desarrollarse la acción en un recinto cerrado de la ciudad. No sólo la madre (interpretada por Kawase) también los miembros cercanos, entre ellos el joven protagonista, acompañan con un ritual de murmullos, como si de una melodía se tratase, de silencios, de quietud, de sonrisas y de lágrimas. Una manera tribal que por momentos hace olvidar que los hechos no suceden en medio de un bosque o en la orilla del mar.En  Aguas tranquilas la directora parece cerrar el ciclo nacimiento-vida-muerte y de nuevo ella interpreta a la madre, que esta vez fallece.

Sharasojyu. Naomi Kawase

Hay un ritual lento en las partidas de esta vida como en las despedidas porque hay que irse a otro lugar y aunque el dolor es evidente y se respira, los personajes parecen aceptar que algo llega a su fin como los ciclos de la naturaleza y esta actitud de alguna manera aporta poesía a momentos duros. Después  llega el duelo  que se muestra en el andar por los diferentes parajes como si hubiese un trasfondo taoísta en los acontecimientos, los personajes caminan por los senderos, bien cerca de la playa, bien por el bosque, bien en las montañas, bien en los pequeños parques de la ciudad. Después la lluvia estalla con virulencia y parece limpiar, el agua corre, la vida sigue, el duelo pasa, otro ciclo empieza y la naturaleza de nuevo marca el ritmo, acompaña.

Quizás el final, la muerte y el desapego que cuenta Kawase le sirva de catarsis para dejar la angustia atrás reconvirtiendo la pérdida y el abandono en transformación, en crecimiento. Quizás con su obra intente alejarse de la actitud que hacia la muerte y hacia el cambio, tenemos en Occidente:

“Incluso considerándolo simbólicamente como un instrumento de cambio en el contexto de nuestra vida terrenal, el esqueleto de la carta número trece es duro de aceptar. Somos criaturas de costumbres. Incluso a un nivel más superficial, nos resistimos a los cambios en nuestra vida cotidiana, incluso a aquellos cambios que nosotros mismos hemos planeado conscientemente… O bien, cuando finalmente logramos una transformación en nuestra vida y en nuestra conducta personal, seguimos añorando las viejas costumbres. Añoramos también las malas costumbres, aquellas viejas costumbres que (Como decía Rilke) vinieron, se sintieron bien y se instalaron en nosotros. Partir es una pena, puesto que nos atamos a todo… (Sallie Nichols de la carta número trece en su libro Jung y el Tarot)

Naomí Kawase habla sobre la muerte y de esta forma parece que recuerda lo que decía Balzac,  mejor olvidarse de ella porque es segura.  Pareciera también que  como Jung  intenta decirnos  que: “Mientras no podamos comprometernos totalmente con la muerte, nunca nos sentiremos realmente comprometidos con nuestra vida. Seguiremos siendo esclavos ligados al cuerpo, atrapados en una cotidianidad egocéntrica… ” (Sallie Nichols, Jung y el Tarot)

Jung  insistía en que aceptar la muerte y el nacimiento  como parte de la vida, es convertirse en un ser realmente vivo porque devenir y pasar son la misma curva, los dos lados del mismo viaje del que habla Nascimento. Las películas de Kawase confirman esta visión de la vida y colocan esa curva, ese viaje,  como parte de una entidad superior a la que hay que respetar, con quien hay que integrarse:  la naturaleza.

 

Aguas Tranquilas (Futatsume no mado) Naomi Kawase

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Análisis audiovisual, Cine, Género, Mujer, Personajes y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s